Un nuevo estudio publicado en el American Journal of Preventive Medicine encendió las alarmas sobre el impacto del uso problemático de celulares, redes sociales y videojuegos en adolescentes de 11 y 12 años. La investigación, liderada por Jason M. Nagata de la Universidad de California en San Francisco, concluyó que los patrones adictivos y descontrolados de tecnología incrementan el riesgo de síntomas depresivos, problemas de sueño y conductas suicidas al cabo de un año. El hallazgo refuerza advertencias previas de la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente (AACAP), que ya vinculaba el exceso de pantallas con bajo rendimiento escolar y menor desarrollo social.
El estudio analizó datos de más de 8000 participantes del proyecto ABCD, el mayor seguimiento longitudinal sobre desarrollo cerebral infantil en Estados Unidos. A diferencia de investigaciones anteriores centradas solo en el tiempo total frente a pantallas, esta evaluación identificó que el “uso problemático” tiene efectos más nocivos que la simple cantidad de horas conectados. “El uso problemático ocurre cuando los niños no pueden controlar su tiempo en línea, incluso cuando lo intentan, y esto comienza a provocar estrés o dificultades en la escuela o el hogar”, explicó Nagata.
Entre los resultados más preocupantes se encuentran mayores puntajes en depresión, trastornos de atención, conductas oposicionales, inicio de consumo de sustancias y alteraciones severas del sueño. En el caso de los videojuegos, también se observó una relación con comportamientos suicidas y problemas emocionales. “No todo el tiempo frente a la pantalla es perjudicial. El verdadero riesgo aparece cuando el uso se torna adictivo o empieza a afectar el sueño y el estado de ánimo”, precisó el investigador, subrayando la necesidad de intervenir en etapas tempranas de la adolescencia.
El debate sobre si las redes sociales generan “adicción clínica” también cobró relevancia en Estados Unidos. Adam Mosseri, director de Instagram, rechazó esa denominación y afirmó que debe diferenciarse entre adicción médica y consumo problemático. Sin embargo, los datos revelan que el 49.5 % de los adolescentes estadounidenses ha experimentado alguna enfermedad mental, en un contexto de creciente exposición digital. “Nuestros resultados sugieren que tanto las plataformas como las familias deberían reducir las características adictivas de las aplicaciones”, concluyó Nagata, al insistir en la urgencia de medidas preventivas ante el impacto de las pantallas en la salud mental juvenil.