Durante décadas, la frase “comer menos y moverse más” se instaló como la receta universal para bajar de peso, repetida en consultas médicas, gimnasios y campañas de salud. Sin embargo, el crecimiento sostenido de la obesidad a nivel global ha puesto en jaque este enfoque, abriendo un debate que cuestiona su eficacia real y revela una problemática mucho más profunda.
Referentes médicos como la endocrinóloga del Centro Médico de la Universidad Erasmus de Róterdam, Elisabeth van Rossum, sostienen que la obesidad es una enfermedad crónica compleja y no el resultado de una simple falta de voluntad. “Si fuera tan sencillo, no existiría una epidemia de obesidad”, advirtió, señalando que factores hormonales, genéticos y ambientales influyen de manera decisiva.
Esta mirada es compartida por guías clínicas internacionales y por expertos de Harvard Health, que explican que el organismo responde a las dietas restrictivas con adaptaciones metabólicas. Frente a la reducción de calorías, el cuerpo disminuye su gasto energético y altera hormonas clave del apetito, lo que vuelve cada vez más difícil sostener la pérdida de peso en el tiempo.
La calidad de los alimentos emerge así como un factor central. Nutricionistas advierten que no todas las calorías tienen el mismo efecto: los ultraprocesados estimulan el hambre y desregulan la saciedad, mientras que los alimentos integrales, ricos en fibra y micronutrientes, ayudan a comer menos sin sensación de privación. De hecho, estudios citados por Harvard Health señalan que el 90% de las dietas fracasan por ignorar este equilibrio nutricional.
Incluso el ejercicio, pilar del consejo tradicional, tiene límites. Investigaciones difundidas por The Independent muestran que el cuerpo puede compensar el aumento de actividad física reduciendo el metabolismo hasta en un 28%, fenómeno conocido como adaptación metabólica. Por ello, especialistas y centros como el Centro Kaiser Permanente para la Investigación en Salud recomiendan abandonar las soluciones simplistas y apostar por estrategias sostenibles: alimentación de calidad, descanso adecuado, manejo del estrés y cambios personalizados, entendiendo que no existe una fórmula única para todos.