El ejercicio físico puede reducir los síntomas de la depresión en adultos hasta niveles comparables a los alcanzados con la terapia psicológica y los fármacos antidepresivos. Así lo señala una revisión científica elaborada por la organización Cochrane, que analizó cerca de 5000 casos incluidos en 73 ensayos clínicos aleatorizados realizados en distintos países.
El estudio refuerza el papel de la actividad física como una alternativa accesible y segura para el manejo de una enfermedad que afecta a más de 280 millones de personas en el mundo.
“Nuestros hallazgos sugieren que el ejercicio parece ser una opción segura y accesible para ayudar a manejar los síntomas de la depresión”, afirmó el autor principal del estudio y doctor por la Universidad de Central Lancashire, en el Reino Unido, Andrew Clegg. Sin embargo, advirtió que los beneficios no son uniformes:
“El ejercicio funciona bien para algunas personas, pero no para todas, y es importante encontrar enfoques que los individuos estén dispuestos y sean capaces de mantener”. Los ensayos revisados mostraron una reducción moderada de los síntomas en quienes realizaron actividad física frente a personas sin intervención o con tratamientos de control.
La revisión incorporó 35 nuevos estudios y más de 2500 participantes respecto a evaluaciones previas, consolidando la evidencia a favor del ejercicio como estrategia terapéutica.
En comparaciones directas, los investigadores hallaron que la diferencia en la reducción de síntomas al final del tratamiento fue mínima o nula entre el ejercicio, la psicoterapia y los antidepresivos. No obstante, la solidez de los resultados varía: solo 22 de los 73 ensayos garantizaron un adecuado ocultamiento de la asignación y menos de la mitad utilizó evaluadores enmascarados, lo que incrementa el riesgo de sesgo.
Otro punto clave es la duración de los beneficios. La mayoría de los programas analizados fueron estructurados, supervisados y de corta duración, por lo que existe escasa información sobre el impacto del ejercicio a largo plazo.
Los autores advirtieron que “la duración de cualquier beneficio es incierta” y que los efectos tienden a disminuir tras finalizar los programas. A ello se suma la heterogeneidad de protocolos y el uso de escalas autoinformadas, factores que dificultan una interpretación definitiva de los resultados.
Pese a estas limitaciones, el ejercicio físico presenta un perfil de seguridad favorable, con baja incidencia de eventos adversos, principalmente lesiones musculoesqueléticas leves. En contraste, los tratamientos farmacológicos se asociaron con mayor frecuencia a efectos secundarios como fatiga, disfunción sexual y molestias gastrointestinales.
Especialistas recomiendan considerar la actividad física como complemento o alternativa en determinados casos, siempre en coordinación con profesionales de la salud, y subrayan la necesidad de nuevos estudios más robustos y prolongados para definir qué tipo de ejercicio funciona mejor, para quién y con qué beneficios sostenidos en el tiempo.