Llegar a los 60 años suele sentirse como un punto de inflexión. Para muchas personas, el retiro laboral y la independencia de los hijos activan una revisión personal marcada por preguntas sobre la identidad y el rumbo de los años por venir. Aunque la vitalidad puede mantenerse, la conciencia del paso del tiempo se vuelve más nítida y aparecen señales físicas que empujan a repensar prioridades y expectativas.
La psiquiatra Graciela Moreschi explica que esta década concentra cambios simultáneos: la jubilación —en una sociedad que liga identidad y trabajo—, el “nido vacío” y transformaciones corporales. A ello se suman creencias culturales que asocian el envejecimiento con decadencia, aun cuando hoy los 60 pueden ser una etapa intermedia con veinte o treinta años de vida por delante. En ese contexto, trabajar las creencias y aceptar la redefinición de prioridades resulta clave.
Desde otra mirada, la presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Mirta Goldstein, señala que, a diferencia de la adolescencia, la crisis en la adultez se vincula con la finitud y los deseos incumplidos. No todas las personas atraviesan una crisis: depende de cómo elaboren los duelos y de su capacidad para integrar pasado, presente y futuro. Cuando hay sufrimiento, buscar ayuda terapéutica puede facilitar un cambio beneficioso.
El psiquiatra y psicogeriatra Alejandro Begue remarca que el estereotipo de la “clase pasiva” quedó atrás: hoy los mayores de 60 participan activamente en la vida social, educativa y laboral. Sin embargo, persisten modelos antiguos —especialmente en varones— que hacen más ruidosa la crisis tras la jubilación. Planificar el retiro, explorar proyectos de corto y mediano plazo y sostener vínculos sociales ayuda a prevenir el aislamiento y el deterioro emocional.
Los cambios demográficos también reordenaron el mapa vital. Investigadores de la Universidad de Deusto advierten que la longevidad, la transformación del trabajo y los avances médicos diluyeron las etapas clásicas: estudiar, trabajar y jubilarse ya no siguen una secuencia rígida. En este escenario, la clave no es vivir más años, sino rediseñar la vida con flexibilidad. Mantenerse activo física y afectivamente, socializar y ejercitar el cuerpo —especialmente fuerza y capacidad aeróbica— son recomendaciones transversales para transitar los 60 con bienestar y propósito.