La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció el viernes una amnistía general y el cierre de la cárcel de El Helicoide, pocas semanas después de asumir el poder tras la captura del exdictador Nicolás Maduro. Durante su discurso, Rodríguez informó que el emblemático inmueble dejará de funcionar como centro de reclusión y será transformado en un espacio social, deportivo, cultural y comercial destinado a la familia policial y a las comunidades vecinas.
El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), ocupa el cuarto lugar entre las prisiones con más presos políticos del país y alberga a más de 50 reclusos. Diversas organizaciones de derechos humanos lo han descrito como “el centro de tortura más grande de América Latina”, debido a las denuncias de malos tratos, aislamiento prolongado y prácticas sistemáticas de tortura contra detenidos.
Ubicado en la zona centro-sur de Caracas, entre las comunidades de San Pedro y San Agustín del Sur, el recinto ha albergado a dirigentes opositores y colaboradores cercanos a María Corina Machado, como Freddy Superlano y Jesús Armas. Familiares y ONG han denunciado que muchos detenidos eran trasladados allí sin notificación previa, permaneciendo días desaparecidos antes de conocerse su paradero en el temido penal.
El edificio Helicoide fue concebido en la década de 1950 como un moderno centro comercial durante el auge petrolero venezolano, con un diseño helicoidal que incluía helipuerto, hotel y cientos de tiendas. Sin embargo, el proyecto quedó inconcluso y en 1984 fue ocupado por la antigua DISIP, luego transformada en el Sebin. Con el paso de los años, el inmueble se consolidó como un centro de reclusión para presos políticos, alejándose definitivamente de su propósito original.
El historial del Helicoide incluye testimonios de víctimas como el activista Lorent Saleh y el misionero estadounidense Joshua Holt, quienes denunciaron hacinamiento, extorsión y torturas. Además, entre el 16 y el 18 de mayo de 2018 se produjo el primer motín en sus instalaciones, tras la golpiza al estudiante Gregory Sanabria, quien sufrió fracturas y graves contusiones. El anuncio del cierre del penal marca así un giro simbólico en la política penitenciaria venezolana y abre un nuevo capítulo tras años en que el Helicoide fue considerado una de las mazmorras más temidas del régimen chavista.