En 1257, el planeta experimentó uno de los episodios climáticos más extremos del último milenio: un brusco descenso de las temperaturas, inviernos prolongados y el colapso de cosechas en vastas regiones de Europa, Asia y Oriente Medio. Durante más de 800 años, las crónicas registraron las consecuencias, pero no la causa. Hoy, la ciencia ha confirmado que el origen fue la erupción colosal del volcán Samalas, en la isla indonesia de Lombok.
En Europa, el fenómeno quedó grabado como “el año sin verano”. Fuentes medievales describieron cielos opacos, un sol debilitado y una sucesión de malas cosechas que desencadenaron hambrunas, enfermedades y crisis económicas. El impacto se extendió también a Asia y Oriente Medio, donde textos cristianos y musulmanes coincidieron en relatar un clima anómalo y una escasez generalizada de alimentos.
Las consecuencias fueron aún más severas en Asia, donde el enfriamiento repentino interrumpió rutas comerciales y debilitó estructuras políticas. Historiadores sostienen que este evento climático contribuyó al deterioro del imperio mongol en tiempos de Hulagu Kan, al agravar tensiones internas y reducir la capacidad productiva de amplias regiones. Migraciones forzadas y revueltas sociales marcaron ese periodo de inestabilidad.
El misterio comenzó a resolverse recién en el siglo XXI, cuando científicos franco-indonesios analizaron cenizas volcánicas en Lombok. La huella geoquímica de esos fragmentos coincidió con micropartículas halladas en núcleos de hielo de Groenlandia y la Antártida, lo que permitió identificar al Samalas como el responsable de una de las erupciones más potentes del último milenio, comparable solo con la del Tambora en 1815.
La investigación se completó con el manuscrito local Babad Lombok, que narraba la destrucción de aldeas bajo una lluvia de fuego, confirmando el relato científico con memoria histórica. Así, la erupción del Samalas dejó de ser un enigma para convertirse en un recordatorio contundente del poder de la naturaleza y de cómo un solo evento geológico puede alterar el clima global y el curso de la civilización humana.