Dinamarca alcanzó un acuerdo con la OTAN para reforzar la seguridad en el Ártico, una decisión que cobra relevancia tras semanas de presión de Washington por la estratégica Groenlandia, territorio semiautónomo danés clave para el control del Atlántico Norte y las rutas polares emergentes.
“Estamos de acuerdo en que la OTAN debe aumentar su participación en el Ártico. La defensa y la seguridad en el Ártico son un asunto que compete a toda la alianza”, afirmó la primera ministra danesa Mette Frederiksen el viernes 23 de enero, tras una reunión en Bruselas con el secretario general de la alianza, Mark Rutte. La mandataria compartió imágenes del encuentro en redes sociales, subrayando el consenso alcanzado.
Rutte confirmó el entendimiento al señalar que se reforzará “la cooperación para mejorar la disuasión y la defensa en el Ártico”, en un contexto geopolítico marcado por el aumento de la actividad militar y el interés estratégico de grandes potencias en la región polar, impulsado por el deshielo y nuevas rutas marítimas.
Como antecedente inmediato, Frederiksen anunció que viajará a Nuuk, capital de Groenlandia, para sostener reuniones con el primer ministro local y evaluar la situación regional. La visita busca alinear posiciones y consolidar un frente común ante los desafíos de seguridad, defensa y soberanía en una de las zonas más sensibles del mapa global.