El gobierno de Nicolás Maduro recibió en Caracas al enviado especial del presidente chino Xi Jinping, en una visita que ocurre en un contexto marcado por el aumento de tensiones entre Venezuela y Estados Unidos. El encuentro, realizado en el Palacio de Miraflores, fue interpretado como una señal política de respaldo de China al régimen venezolano, en momentos en que Washington incrementa su presión diplomática y militar en el Caribe.
Durante la reunión, el enviado chino Qiu Xiaoqi sostuvo conversaciones con Maduro y altas autoridades del Ejecutivo venezolano, entre ellas la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el canciller Yván Gil. Según información oficial, el diálogo se centró en la revisión de la cooperación bilateral y el fortalecimiento de la llamada “asociación estratégica integral”, que incluye acuerdos en sectores como energía, infraestructura, tecnología y financiamiento. Desde el entorno presidencial se destacó que China es uno de los principales aliados políticos y económicos de Venezuela.
Desde Pekín, la Cancillería china reiteró su rechazo a las sanciones impuestas por Estados Unidos. “China se opone firmemente a las sanciones unilaterales ilegales y apoya el derecho de Venezuela a desarrollar relaciones de cooperación independientes”, señaló el portavoz del Ministerio de Exteriores, en declaraciones difundidas por medios oficiales. Estas expresiones se producen mientras Washington mantiene operaciones militares en la región, que Caracas califica como una amenaza directa a su soberanía.
La visita del emisario de Xi Jinping se produce además en un momento clave para el tablero geopolítico regional, donde Venezuela busca afianzar alianzas frente al aislamiento internacional. Analistas consideran que este acercamiento refuerza el eje Caracas–Pekín como contrapeso a la influencia estadounidense, en un escenario donde la diplomacia, la economía y la seguridad vuelven a cruzarse en América Latina.