La madrugada en Venezuela marcó un punto de quiebre histórico. El dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron capturados en una megaoperación simultánea que desarticuló las defensas del régimen en Caracas y otras zonas estratégicas del país, según confirmaron fuentes oficiales de Estados Unidos.
De acuerdo con la periodista Jennifer Jacobs de CBS News, la misión estuvo a cargo de Delta Force, la principal unidad de operaciones especiales del Ejército estadounidense. La coordinación fue precisa y superó los sistemas de seguridad chavistas desde el inicio, permitiendo una captura sin precedentes por su rapidez y alcance.
La misma fuerza fue responsable de la operación de 2019 que neutralizó al líder del Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, lo que refuerza su reputación como el grupo más letal y eficaz en misiones de contraterrorismo y alto valor estratégico. Esta experiencia habría sido clave para ejecutar una acción quirúrgica en territorio hostil.
Con base en Fort Bragg, Carolina del Norte, Delta Force —también conocida como CAG o Task Force Green— opera bajo el Joint Special Operations Command. Sus integrantes provienen de fuerzas especiales y Rangers, superando un proceso de selección extremo que solo completa una minoría, con entrenamiento avanzado en asalto, inteligencia y protección ejecutiva.
La caída de Maduro reconfigura el tablero regional y abre un escenario incierto para Venezuela. Mientras se esperan reacciones internacionales y definiciones sobre el futuro político del país, la operación deja un mensaje contundente: las estructuras autoritarias no son inexpugnables cuando convergen inteligencia, precisión y voluntad política.