Miércoles, Julio 6, 2022
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Un papá a rajatabla

Yvan Farfán tiene cuatro hijas por las que daría su propia vida y aunque no le fue nada sencillo criar a dos de ellas nunca se arrepiente de todo lo que hizo disfurtando los momentos buenos y malos en su crecimiento

En una sociedad machista y feminista, rara vez podemos ver un varón que no toma en cuenta dichos estereotipos y deja aflorar el más puro amor que incluso lo llevaría a dar su propia vida. Yván Aldo Farfán Ventura, es uno de esos ejemplos. Dedicado a la mecánica automotriz en el distrito de Socabaya no se avergüenza de hablar de su faceta de padre y de sus cuatro hijas por quienes dice sentir un amor que es indescriptible.

Este padre a sus 44 años nada lo amilanó cuando tuvo que hacerse cargo de sus dos hijas mayores en el año 2008, su pareja lo dejó con tamaña responsabilidad.
“Ella se enamoró, se fue y me abandonó con mis hijas”, recuerda.

Para Yván la vida no le fue fácil desde niño, mientras habla de sus “grandes amores”, recordó a su padre, quien se alejó del hogar y aunque su madre trató de llenar ese vacío, esa ausencia y dolor lo marcó, por eso al tener a sus niñas en su poder no dudó en asumir esa responsabilidad. Los momentos que pasó no fueron sencillos, quedarse solo con dos pequeñas de 6 y 8 años, tener que trabajar, cuidarlas, alimentarlas y demás parecía ser una odisea, pero supo salir adelante.

“Me tenía que levantar a las 5 de la mañana para hacer el desayuno y almuerzo, las llevaba al colegio y para recogerlas algunos amigos me apoyaban. Las matriculaba en vacaciones útiles, talleres de cocina y demás para que ellas estén aprendiendo cosas nuevas mientras yo tenía que trabajar”, comenta entre sonrisas.

Los años pasaron, las niñas crecieron, Yván se refugia en recuerdos, añorando aquellos momentos cuando iba al parque a jugar con sus pequeñas o llevarlas a la playa. Esas imágenes quedaron en su memoria y que significan para él felicidad, porque ahora tiene dos hermosas jovencitas que ya son independientes.

“Por su edad quieren estar más con los amigos o el enamorado. Eso me da mucho miedo, porque no sé cómo lidiar con eso. Se las van a llevar a mis hijitas. No quiero que les toque un hombre que no las quiera y las valoren como yo lo hago”, cuenta el mecánico entre lágrimas.

Palabras van y vienen, y en medio de la conversación sale la pregunta inevitable: ¿Hizo falta su madre? Su rostro cambió inmediatamente, desencajado responde a baja voz y entrecortada “siempre”. Toma un poco de aire y prosigue.

“No sabía cómo tocar temas que una niña confía a su madre, pero me esmero”.
Prefiere hablar más de los cambios que hizo a su vida gracias a sus hijas. Sus manos callosas, con grasa por su trabajo de mecánico, también sirvieron para dar cariño, proteger, celebrar, enseñar y mucho más. No se arrepiente en ningún momento de ser padre en estos últimos 12 años.

SEGUNDO RETO
El amor y una segunda oportunidad tocaron la puerta de Yván, conoció a una mujer con la que pensó todo sería diferente. La relación iba bien y tuvo dos niñas más, pero la ilusión se acabó cuando ella se negó a aceptar a sus hijas mayores, cosa que obviamente él no permitió y generó la inminente la separación. Para él no es un fracaso, porque tiene dos pequeñas que ama tan igual como las dos mayores.

Los días se hacen largos para ver a sus niñas porque solo las puede visitar cada dos semanas, pero sabe soportar esta prueba porque cuando las mira toda pena y sufrimiento desaparecen solo con escuchar: “te quiero papi”, que siempre le dicen sus niñas.
“Si mis hijas se antojan de un chupe, yo hago su chupe o cualquier cosa, si no sé, lo buscó en YouTube. Mis manos llenas de grasa por el trabajo, también saben cocinar, saben pelar papa o limpiar pollos. Puedo cocinar hasta más rico que una mujer. Y lo hago por ellas, para que no les falta nada”, comenta.

BATALLA LEGAL
Ese estigma que las mujeres son las que siempre se llevan la peor parte en una separación o son la mejor opción para cuidar a los hijos, le pasó una dura factura a Yván quien tuvo que afrontar una larga batalla legal para tener la custodia de sus hijas mayores y a pesar que su expareja debía pasarle una manutención, ella nunca lo hizo, simplemente se desentendió y rehizo su vida.

La historia se volvió a repetir con las más pequeñas, dice que a veces las leyes dan cierta preferencia a las mujeres.

“Estamos en un mundo donde la mujer tiene la prioridad. No me permitían verlas, pero dígame ¿acaso un papá no tiene sentimientos? ¿No ama? ¿Por qué? ¿Por ser hombre? No, un padre quiere mucho a sus hijos, yo daría mi vida por ellas”, señala el padre.
En este Día del Padre, Yván se emociona y se alista para reunirse con sus hijas y compartir con ellas una fecha que hizo de él “un papá a rajatabla”. Esta fecha permite conocer a valiosos casos de buenos papás.

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