Miércoles, Julio 6, 2022
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Salvadoras de menores

Desde que el programa Línea de Acción de Justicia Juvenil funciona en Arequipa, María, Dayana y Liliana ayudaron en la reinserción social de 540 adolescentes que cometieron infracción contra la ley

Redacción: Mónica Cuti 

En el local donde funciona el programa “Línea de Acción Justicia Juvenil Restaurativa del Ministerio Público” el frío es intenso, pero cuando María Isabel Suárez Ulhua, Dayana Gonzáles Cornejo y Liliana Lizárraga reciben a los menores de edad que tienen conflictos con la ley, el ambiente se vuelve cálido.

Un pizarrón que ocupa la mitad de una de las paredes del recinto, ubicado en una casona de la avenida Parra, contiene el cronograma de las actividades grupales y personales que se hará con los menores que están actualmente en el programa.

María Suarez, la trabajadora social, las revisa. Un piso más arriba está su oficina donde posee un enorme mapa que contiene registrado las viviendas de los adolescentes. Con ella empieza todo.

Los menores participan de actividades de ayuda social

Cuando un menor comete actos delictivos menores son derivados con ellas. Para su reinserción familiar y mejora de su comportamiento deben pasar tres etapas. María Suárez es el primer filtro. Ella acude a las viviendas para hacer un panorama de cuál podría ser la falencia por el que el adolescente adquiere actitudes infractoras. Lo que encuentra, son familias divididas y ambientes conflictivos, cuenta. También hay ambientes familiares donde aparentemente hay buena relación, pero las amistades no son las adecuadas.

María recuerda el caso de un joven con problemas de adicción fuerte, como consecuencia maltrataba a su madre quien era la única que lo cuidaba, su padre se desentendió de su crianza.

En este caso la primera tarea era lograr que reconociera su adicción y aceptara que necesitaba ayuda, una vez que se logró tenía que mudarse de su casa a un centro de rehabilitación. La madre tenía tanto miedo que temblaba al ver a su hijo alistando sus cosas para irse, creía que la atacaría en algún momento.

María Suárez se encarga de visitar a los menores casa por casa.

La especialista cuenta que el principal problema, en algunas ocasiones son los padres que buscan minimizar los actos de sus hijos e indican que son faltas pequeñas u ocultan la realidad que existe dentro del hogar y cuando se les visita muestran un hogar bien constituido, por lo que los diagnósticos pueden fallar.

“A veces los padres no miden el peligro, dicen que es la primera vez pero eso ya ocurrió en varias ocasiones. Se debe corroborar lo que ocurre y el padre debe afrontarlo cuando se identifica el problema”.

Dayana Gonzáles Cornejo, psicóloga, es la segunda etapa. Ella evalúa la situación psicológica del menor y el de la familia.

En su experiencia dice que no hay un común denominador que identifique las razones por los comportamientos infractores, todos tienen realidades distintas.
Cuando el problema no nace en la familia, se gesta en las amistades o entorno. Es ahí donde los padres deben trabajar para volverlo a introducir al seno familiar y reforzar los valores que se le inculcan.

Los adolescentes son muy vulnerables psicológicamente, a veces solo piensan en ellos y con la influencia de los amigos no pueden tomar buenas decisiones, explica Dayana.
La violencia dentro de la familiar genera que los menores sean agresivos e impulsivos y que no tengan tolerancia a la frustración, como consecuencia agreden a sus compañeros en el colegio.

También hay quienes no aceptan el rechazo, y cuando están en una relación amorosa se aferran a una de las parejas.
La especialista detectó que una de las principales falencias es la falta de comunicación de padres con hijos.

Ella recuerda con dolor un caso que marcó a las especialistas. Se trataba de una joven que venía de la Selva, ella sufría de adicción a sustancias, incluso a la silicona. Ingresó al programa por esta razón. Provenía de una familia desarticulada. Los problemas comenzaron cuando su padre se fue de su hogar y se desvinculó de ella.

Dayana Gonzáles es la psicóloga de la Línea de Acción Juvenil.

Su entorno fue el que la llevó a las adiciones. Cuando ingresó a rehabilitación, ella aprendió a manipular a sus padres y logró que la retiraran cuando aún no estaba lista. La madre justificaba sus actitudes, lastimosamente nunca pudo desligarse de su principal proveedor de estupefacientes, que era su enamorado. Incluso la explotaba sexualmente. Esta situación era conocida por los padres pero fue ocultada a las especialistas. Cuando la joven salió de rehabilitación se fue con su pareja y falleció a causa de sus adicciones.

El tercer y último paso de la reinserción es con Liliana Lizarraga quien es la educadora social del centro. Liliana ve que los menores ya diagnosticados y en proceso de recuperación sean introducidos nuevamente en el seno familiar. Lo principal, dice, es que logren perdonarse a sí mismos y recuperen sus sueños y objetivos para continuar con sus vidas.

Explica que a veces los chicos cometen actos delictivos por impulso y sin pensar bien las cosas, como un menor que fue derivado al programa por hurto. Él minutos antes de cometer el acto, fue víctima de robo y en su desesperación hizo lo mismo creyendo que no sería capturado.

Podría parecer que todo queda ahí, pero al hacer la radiografía de su hogar se ve que requiere ayuda.
Los seguimientos se hacen de forma presencial y también vía video llamadas, comenta Liliana.

Ellos como responsables de algún acto en contra de ley, como parte de su recuperación, deben resarcir lo efectuado. Ya sea de forma económica o simbólica. Liliana recuerda a un menor que tenía una vida muy desordenada, no tenía un cuarto propio, compartía una cama con su hermano que trabajaba de noche y dormía de día. En su casa, encontró un espacio muy pequeño que habilitó. Compró su cama trabajando. Todo el proceso lo grabó y presentó como parte de su recuperación, ahora estudia una carrera en la Universidad Nacional de San Agustín.

Desde que funciona la Línea de Acción de Justicia Juvenil, 540 jóvenes, decenas de ellos se rehabilitaron y el trabajo sigue.

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