La artrosis, una de las enfermedades crónicas más frecuentes y discapacitantes del mundo, vuelve al centro del debate científico. Un estudio coordinado por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Bochum y el Hospital Universitario de Copenhague, publicado en la revista RMD Open, concluye que el ejercicio físico proporciona solo un alivio leve y transitorio en los síntomas de la artrosis, lo que pone en discusión su recomendación como tratamiento de primera línea.
La investigación, difundida por Europa Press, analizó cinco revisiones sistemáticas y 28 ensayos clínicos aleatorizados que incluyeron a más de 12 000 pacientes con artrosis de rodilla, cadera, mano o tobillo. Según el informe, el ejercicio logró “únicamente un alivio discreto y transitorio del dolor en la artrosis de rodilla”, con una evidencia considerada de certeza muy baja. En los estudios con mayor número de participantes o seguimiento prolongado, los beneficios fueron aún menores.
En el caso de la artrosis de cadera, el efecto fue prácticamente insignificante, mientras que en la artrosis de mano los resultados se calificaron como pequeños. El equipo investigador señaló que “la magnitud del efecto depende de la articulación afectada y de las características clínicas individuales”. Incluso al modificar la intensidad y duración del ejercicio, no se observaron mejoras sustanciales en los resultados.
El análisis también comparó el ejercicio con otras alternativas terapéuticas como educación del paciente, terapia manual, analgésicos, inyecciones de esteroides o ácido hialurónico y procedimientos quirúrgicos. Los resultados fueron similares entre estas opciones y el ejercicio.
Sin embargo, intervenciones como la osteotomía o el reemplazo articular mostraron mayor eficacia a largo plazo en pacientes con artrosis avanzada. “Nuestros hallazgos cuestionan la promoción universal de la terapia de ejercicios como única primera opción”, señalaron los autores, quienes calificaron la evidencia disponible como “inconclusa, limitada y de corta duración”.
Pese a ello, los especialistas destacan que el ejercicio mantiene ventajas importantes, como bajo costo, seguridad y posibilidad de adaptación personalizada. El estudio invita a reconsiderar las actuales guías clínicas y a apostar por un enfoque individualizado en el tratamiento de la artrosis.
Los investigadores recomiendan desarrollar ensayos clínicos más robustos para identificar qué subgrupos de pacientes podrían beneficiarse realmente del ejercicio y bajo qué modalidades, intensidades o combinaciones terapéuticas, en un contexto donde millones de personas buscan alternativas efectivas para aliviar el dolor y mejorar su calidad de vida.