En la carrera presidencial rumbo al 12 de abril de 2026, una reciente encuesta muestra que el 65% de los peruanos prefiere a un candidato outsider, replicando patrones históricos donde figuras sin trayectoria partidaria obtuvieron apoyo masivo y redefinieron el mapa político nacional.
Los comicios de 1990 y 2021 marcaron precedentes claros: Alberto Fujimori y Pedro Castillo llegaron a la presidencia como outsiders, sin historial político convencional, y movilizaron a sectores desencantados con los partidos tradicionales.
Hoy, ese fenómeno vuelve a posicionarse en el centro de la contienda electoral, con un número creciente de votantes que opta por “caras nuevas” en lugar de líderes tradicionales.
Analistas identifican varios posibles outsiders para este proceso electoral. El politólogo Fernando Tuesta menciona a Alfonso López-Chau, Carlos Álvarez y Mario Vizcarra como figuras que, aunque conocen la opinión pública, no emergen de la política partidaria clásica, y por ello son percibidos como alternativas frescas.
Sin embargo, el abogado José Tello matiza la idea: “No hay un verdadero outsider puro en la contienda, ya que todos han tenido algún tipo de actuación política o vínculos visibles en la arena pública”.
La figura del outsider cobra fuerza al compararla con casos históricos de éxito y fracaso.
“Fujimori y Castillo aparecieron de la nada, pero cuando lo hicieron, tuvieron el poder de un tsunami”, recordó Tello.
Tuesta añade que ambos captaron apoyos específicos: “Fujimori sumó adeptos entre grupos evangelistas y Castillo entre los docentes”.
No obstante, también advierten que ser outsider no garantiza triunfo sin credibilidad y una red social sólida.
Especialistas también alertan sobre riesgos asociados a un outsider sin bancada en el Congreso.
Tello subraya que “sería terrible un escenario en el que el Congreso coloque a los ministros y amenace con vacar al presidente”, como ocurrió con Martín Vizcarra y Pedro Castillo, quienes enfrentaron crisis políticas por falta de respaldo parlamentario. En contraste, Fujimori contó con un bloque fuerte que le permitió estabilidad institucional en los noventa.
Finalmente, el contexto sociopolítico influye en la preferencia por outsiders. Tuesta señala que el electorado joven y disperso, que no vivió plenamente gobiernos anteriores, junto con el hartazgo ante la inseguridad ciudadana, impulsa la búsqueda de figuras alternativas que prometan soluciones con mano firme.
“La tendencia viene por el hartazgo y la molestia frente a los rostros de siempre”, concluye.