No siempre el alumno violento, solitario o el de malas calificaciones, es el bully. El agresor puede estar sentado en primera fila, tener buenas notas, ser popular y no haber protagonizado jamás una pelea delante de un adulto. Ese rostro resulta mucho más preocupante, debido a su difícil reconocimiento dentro de un aula. Muchas veces, identificar los rasgos de personalidades de quienes ejercen la violencia escolar puede ser clave para prevenir y detener el bullying entre escolares.
“Dentro de los rasgos característicos, los agresores son víctimas de violencia en sus casas, lo replican en la institución porque miran y creen que es un patrón común para resolver conflictos y otra porque se desquitan, sin en mi casa me pegan y vengo al colegio a pegar”, declaró la fiscal de prevención del delito, Cecilia Ampuero Riega.
Los agresores pueden ser desde aquellos socialmente exitosos, que a través de la intimidación mantienen su popularidad; hasta los denominados agresores - víctimas, mismos que tras haber vivido agresiones saben en qué momento atacar. Pueden insultar al compañero cuando el profesor se retira, convertir un defecto físico en apodo, puede expulsar de un grupo de WhatsApp - hasta aislar a la víctima - o peor aún, puede conseguir que un salón entero se ría mientras
él solo “hace una broma” a su víctima.
Sin embargo, el perfil del agresor no se resume a aquel que es ‘violento’ o ‘viene de una familia agresiva’. “La realidad muestra una combinación mucho más peligrosa: la búsqueda de estatus, aprendizaje de la agresión, capacidad para justificar el daño, menor sensibilidad frente al sufrimiento ajeno, influencia de los compañeros y ambientes familiares o escola-
res que pueden frenar estas conductas o permitir que se consoliden”, remarcó el exdecano del Colegio de Psicólogos de Arequipa, Julio César Abarca Cordero.
“No les importa la gestión de emociones de otros, más están centrados en su egocentrismo, tratan de dominar todo porque creen que son todopoderosos. Sin embargo, tienen baja tolerancia a la frustración, son muy reactivos, incluso ante sus padres”, expresó.
JUSTIFICACIÓN DEL DAÑO. “Era una broma”, es una de las frases más utilizadas después del episodio mde acoso. El agresor busca encontrar una explicación que permita causar daño sin sentirse responsable: “no fue para tanto”, “todos los hacen”, “se lo buscó”, “solo quería asustarlo”, entre otros. El bully puede conocer perfectamente que golpear, insultar y humillar está mal, pero aun así hacerlo reiteradas veces.
LA RECOMPENSA. Estos actos de agresión son repetidos (incluso tras una llamada de atención), quieren humillar porque se obtienen risas, seguidores, reconocimiento o miedo. Finalmente, el grupo le entregó una recompensa y enseñó: “Hacer daño funciona”.
“El agresor necesita captar la atención de muchos para sentirse valorado, si no le pega a alguien nadie lo mira. No le importa si es bueno o malo su acto, solo quiere que lo reconozcan, esa popularidad es sinónimo de que existe”, resalta Abarca Cordero.
INTERVENCIONES. Los agresores, dependiendo de la edad y la gravedad de los hechos, afrontan desde medidas de protección, hasta medidas socioeducativas, que buscan “rehabilitarlo”. Sin embargo, ¿qué tan eficaces son estas medidas?
“El agresor es perfectamente solucionable hasta los 12 años, hay diversos programas, pero deberíamos concentrarnos en estrategias de prevención dirigidas desde el hogar. Cuando son mayores de 12 años, también es solucionable pero hasta en 80 %. Sin embargo, si termina el colegio, esa persona va a ser violenta con su pareja, hijos y otros, porque normalizó el patrón de conductas”, enfatiza el exdecano de psicólogos de Arequipa
VÍCTIMA. Sin embargo, muchas de estas medidas contra estos agresores terminan convirtiéndose en su escudo. Por su minoría de edad todo acaba en solo una llamada de atención, una suspensión o una charla, que terminan por mostrar a la víctima que su caso será uno más del montón. “Tienen un impacto negativo, porque la víctima está siendo testigo de que la justicia no existe, es testigo de que no va a alcanzar la redención, que nadie es capaz de ayudarlo, y a la próxima vez, se va a callar, va a tratar de concesionar la violencia, cree que la injusticia es parte de sistema, pierde la confianza”, reflexiona el especialista. El camino hacia la solución ante el bullying todavía necesita una salida urgente.