Opinión

Viaje sin sentido

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DIARIO VIRAL

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Para cualquier persona con dos dedos de frente resulta evidente que las realidades sociales, políticas y económicas no son comparables fácilmente. Cada país tiene sus propios problemas, arrastra trayectorias particulares y enfrenta desafíos que responden a circunstancias específicas. Pretender que una fórmula aplicada en un contexto determinado puede trasladarse automáticamente a otro no solo es una simplificación excesiva, sino también una demostración de escasa comprensión de la realidad nacional. No todo es comparable, ni todo aquello que funciona en un lugar necesariamente funcionará en otro.

Precisamente por ello sorprendió que la señora Fujimori decidiera viajar hasta El Salvador para buscar en la experiencia de Nayib Bukele una suerte de modelo aplicable a la realidad peruana. Más sorprendente aún fue que el propio mandatario salvadoreño tuviera que recordarle algo que cualquier observador mínimamente informado podría haberle dicho desde el inicio: la situación de ambos países es profundamente distinta. Según explicó, El Salvador enfrentaba niveles de criminalidad extremadamente altos, asociados a estructuras criminales con una capacidad de control territorial y violencia que justificaron medidas excepcionales.

En ese contexto, el presidente salvadoreño le aconsejó a Fujimori que no se puede aplicar la misma “medicina fuerte” cuando la enfermedad no presenta la misma gravedad. La observación resulta tan elemental que inevitablemente me cuestioné: ¿era necesario organizar un viaje de esa magnitud, acompañado de una numerosa comitiva, para escuchar una conclusión tan obvia? La respuesta conduce a una reflexión más inquietante. Quizá el objetivo no era aprender algo nuevo ni contrastar experiencias de gestión, sino proyectar una imagen de liderazgo, transmitir la sensación de que se ejerce poder, que se gobierna o que se toman decisiones trascendentales. En otras palabras, construir una obra de teatro político destinado a reforzar una narrativa de autoridad y capacidad de conducción que, evidentemente, no posee.

Sin embargo, los gestos tienen límites cuando no están respaldados por resultados concretos ni por una lectura adecuada de la realidad. El problema se agrava cuando quien detenta el poder se rodea de aduladores que únicamente refuerzan sus convicciones e incapacidades. En esos entornos, la crítica deja de ser una herramienta indispensable para corregir errores y se transforma en una supuesta amenaza. Las observaciones fundamentadas son etiquetadas como “obstruccionismo”, los adversarios políticos pasan a ser considerados enemigos y las voces discrepantes son desacreditadas, perseguidas y censuradas. Cuando la autoridad pierde la capacidad de escuchar opiniones distintas y comienza a interpretar toda diferencia como un ataque, se deterioran progresivamente los principios democráticos

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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