Opinión

Unidos en la misión

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DIARIO VIRAL

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Este domingo celebramos la Jornada Mundial de las Misiones, conocida también como Domingo Mundial de las Misiones - Domund, instituida por el papa Pío XI hace cien años. Siguiendo la tradición de sus predecesores, el papa León XIV ha emitido un mensaje para esta jornada, que lo ha titulado «Uno en Cristo, unidos en la misión», a través del cual nos invita a «continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero», para que se realice el deseo más profundo del Señor: que la Iglesia sea «una comunión que nace de la trinidad, vive de y en la trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas». Para ello, nos dice, es preciso que Jesús sea el centro de nuestra vida personal y comunitaria, a través de la escucha de la palabra de Dios y la gracia de los sacramentos, porque «ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas, es una vida en unión con Cristo», de la cual «brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera».

La Iglesia, por su naturaleza, es misionera (Concilio Vaticano II, Decreto Ad gentes, 2) y todos los bautizados, cada uno según su estado de vida y sus posibilidades, estamos llamados a continuar la misión de Cristo y hacer presente a todas las gentes que «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Una misión que, como dice el Papa en su mensaje: «nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor». De ahí la necesidad de que en los cristianos se cumpla el pedido de Jesús a Dios padre: «Como tú, padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21). Unidad, entonces, que brota de la comunión con Dios y que, como nos explica León XIV, en la Iglesia «no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él». Unidad que implica también colaborar en la misión que Cristo ha confiado a su Iglesia, de la cual todos somos, en cierta medida, corresponsables. 

A finales del siglo pasado, san Juan Pablo II anunció una nueva primavera para la acción evangelizadora de la Iglesia. Los hechos parecían no darle la razón: multitudes se alejaron de la Iglesia y de Dios al inicio de este sigloy no pocos lo siguen haciendo. Jesús, sin embargo, nos vuelve a decir hoy: «alcen los ojos y vean los campos que ya blanquean para la siega» (Jn 4,35). Ante un mundo cada vez más herido por las divisiones y las guerras, y decepcionado por la pérdida del sentido de la vida, el vacío existencial que dejan las idolatrías y el sufrimiento causado por las injusticias de los hombres, la humanidad necesita «valientes testigos de Cristo», como los llama León XIV. Pidámosle, pues, al Señor que «envíe obreros a su mies» (Mt 9,38) y colaboremos con ellos a través de nuestras oraciones y el apoyo concreto que podamos dar, en la seguridad de que, como termina diciendo nuestro papa peruano, cada don, por pequeño que sea, «será de gran ayuda para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, especialmente a los más pobres y necesitados».

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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