Opinión

Un alcalde a tiempo completo… pero no para Arequipa

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En los últimos días, la actuación del alcalde de Arequipa ha dejado en evidencia una preocupante vulneración del principio de neutralidad que debería regir la función pública. La ciudadanía observa con desconcierto cómo, mientras los problemas de la ciudad se acumulan sin solución —desde el caos del transporte hasta la inseguridad ciudadana—, la máxima autoridad municipal parece más interesada en gestos políticos que en el trabajo cotidiano que exige la gestión de una urbe tan compleja como la nuestra.

Resulta llamativo que nunca se le haya visto iniciar labores a primera hora de la mañana para enfrentar los desafíos diarios de la ciudad, pero sí se le vio madrugar para recibir a César Acuña, líder de un partido político. Ese contraste no es menor: revela prioridades que no se alinean con el deber de imparcialidad y servicio a todos los ciudadanos por igual. El alcalde no fue elegido para servir a intereses partidarios, sino para garantizar que Arequipa avance con transparencia, eficiencia y respeto a la institucionalidad.

Conviene recordar un dato técnico que no admite discusión: de acuerdo con la Ley Orgánica de Municipalidades (Ley N.º 27972), el cargo de alcalde es de dedicación exclusiva y a tiempo completo. Esto significa que la autoridad no puede anteponer compromisos políticos o personales a las obligaciones de gestión, ni relegar la atención de los problemas de la ciudad. La norma es clara: el alcalde debe estar disponible para trabajar por Arequipa todos los días, desde temprano, y no únicamente cuando se trata de actos partidarios.

La neutralidad política no es un detalle accesorio, es la base de la confianza ciudadana. Cuando un alcalde se muestra más diligente en atender a figuras partidarias que en resolver los problemas de la ciudad, se erosiona la credibilidad de la gestión y se alimenta la percepción de abandono. Arequipa necesita un liderazgo que se levante temprano para enfrentar el tráfico, supervisar obras, coordinar seguridad y escuchar a los vecinos, no para posar en actos políticos.

La ciudad merece respeto. Los arequipeños esperan un alcalde que trabaje con carácter y resultados, no con favoritismos ni madrugadas selectivas. La neutralidad es un principio que se defiende con hechos, y hoy esos hechos muestran una preocupante desviación que debe ser cuestionada con firmeza.
 

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