Lo ocurrido ayer en la calle Puente Grau no fue un accidente fortuito; fue la crónica de un colapso anunciado que pone en evidencia la fragilidad de nuestro transporte. Un bus del Sistema Integrado de Transportes (SIT), tras una presunta falla mecánica, colisionó contra siete vehículos, dejando no solo daños materiales y heridos, sino una profunda sensación de inseguridad en cada arequipeño que sale de casa. ¿Cómo es posible que una unidad que forma parte de un sistema “regulado” circule en condiciones que amenazan la vida de los ciudadanos?
Como economista y gestor, analizo los hechos con frialdad técnica: el SIT nació con la promesa de modernidad, pero se ha convertido en un “zombie” administrativo. Llevamos años en una eterna etapa pre-operativa que solo sirve de excusa para la falta de autoridad. El accidente en calle Puente Grau es el síntoma de una enfermedad mayor: la ausencia de fiscalización real. No basta con pintar buses de un color; se requiere supervisión rigurosa de los planes de mantenimiento y una revisión técnica que no sea un simple trámite de papel.
La solución no es más burocracia, sino una reingeniería operativa inmediata. Propongo tres ejes concretos: primero, una auditoría técnica externa obligatoria para toda la flota, independiente de las empresas; segundo, apertura a un modelo mixto que incorpore alternativas seguras y sostenibles, como corredores eléctricos y transporte público masivo; y tercero, la resolución inmediata de contratos para las empresas que incumplan los estándares de seguridad. Si una empresa no puede garantizar la vida de sus pasajeros, no merece operar en Arequipa.
La continuidad del SIT, tal como está planteado hoy, es insostenible. No podemos seguir apostando por un sistema que no integra, que no llega a las zonas periféricas y que, ahora, nos demuestra que es peligroso. Mi postura es clara: se requiere carácter para intervenir los contratos que no sirven y gestión para implementar un sistema de transporte digno, seguro y humano.
Arequipa se respeta. No permitiremos que la improvisación nos siga costando la tranquilidad. Es hora de que el transporte sea una solución y no un riesgo mortal. La perseverancia en exigir orden es nuestra arma letal contra la desidia. ¡Arequipa merece seguridad ya!