El próximo 4 de octubre, Arequipa elegirá a su nuevo gobernador regional entre quince candidatos. No será una elección más, sino una decisión sobre nuestro futuro.
Durante cinco años, quien resulte elegido tendrá la responsabilidad de administrar una región que posee enormes posibilidades, pero también problemas que ya no admiten postergaciones.
Arequipa cuenta con minería, agricultura, turismo, universidades, energía solar y una ubicación privilegiada. Además, tiene Majes Siguas II, proyectos mineros, hidrógeno verde y la expectativa de ser una gran plataforma logística.
Pero las oportunidades no construyen carreteras, no llevan agua a los hogares ni garantizan hospitales eficientes. Tampoco derrotan por sí solas al delito ni ordenan una ciudad que crece sin planificación suficiente.
El próximo gobernador deberá entender que gobernar no consiste en inaugurar obras, sino en establecer prioridades y cumplirlas. La primera debe ser recuperar la confianza ciudadana mediante una gestión transparente.
El desarrollo socioeconómico exige inversión pública y privada, empleo formal y diversificación productiva. No podemos seguir dependiendo exclusivamente de una minería que, aunque indispensable, está sometida a ciclos internacionales.
Majes Siguas II puede transformar nuestra agricultura. La Joya puede convertir a Arequipa en un referente de energías renovables. El turismo puede generar riqueza preservando nuestro patrimonio.
Pero, existe una condición previa: agua. Sin seguridad hídrica, ningún proyecto será verdaderamente sostenible. El cambio climático obliga a pensar desde ahora en la Arequipa de nuestros hijos.
La infraestructura requiere visión regional. Carreteras, puentes, saneamiento, vivienda, transporte y conectividad deben responder a un orden territorial, no al capricho electoral.
Y está la seguridad ciudadana, quizá la urgencia más dolorosa. Una región competitiva pierde sentido cuando sus ciudadanos tienen miedo al salir de casa.
Salud, educación, cultura, deporte y protección ambiental completan la tarea. Son competencias que no pueden convertirse en simples partidas presupuestales, porque detrás de cada cifra hay una persona.
El nuevo gobernador tendrá autonomía política, económica y administrativa dentro de la ley. Pero ninguna autonomía autoriza la improvisación, el favoritismo ni el despilfarro.
Quince candidatos ofrecen quince posibles caminos. Los ciudadanos deberán preguntar cuál tiene prioridades reales, equipo competente, capacidad de concertación y, sobre todo, integridad.
Arequipa no necesita un salvador. Necesita un gobernante que sepa escuchar, planificar, ejecutar y rendir cuentas.
El quinquenio 2026-2031 puede convertir nuestras posibilidades en realidades o transformar nuestras oportunidades perdidas en otra colección de promesas incumplidas.
La decisión será nuestra. Después, la responsabilidad también.
Porque, como enseña el Evangelio, a quien mucho se le confía, mucho se le exige.