A una semana de la segunda vuelta, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez presentan propuestas que apuntan a problemas distintos del país.
Mientras la candidata de Fuerza Popular apuesta por drones, inteligencia artificial y un mayor control fronterizo para combatir la delincuencia, el postulante de Juntos por el Perú insiste en abrir el camino hacia una nueva constitución mediante un referéndum.
Ambos mensajes buscan conectar con demandas ciudadanas, aunque desde enfoques completamente diferentes.
Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en qué propuesta suena mejor, sino en cuál tiene mayores posibilidades de concretarse.
La inseguridad requiere mucho más que tecnología: demanda policías, fiscales, jueces y una estrategia integral que funcione.
Del mismo modo, una eventual reforma constitucional podría generar un amplio debate político, pero no necesariamente resolverá los problemas inmediatos que preocupan a la mayoría de familias peruanas, como el empleo, la inflación o la criminalidad.
La experiencia de las últimas décadas obliga a mirar las promesas con cautela.
Los candidatos suelen ofrecer soluciones ambiciosas durante la campaña, pero la realidad del gobierno termina imponiendo límites políticos, económicos y administrativos.
Por eso, más allá de los discursos, el verdadero reto para los electores es identificar quién tiene la capacidad, el equipo y la voluntad para convertir las propuestas en resultados. Porque en el Perú, las promesas abundan; lo que escasea es el cumplimiento.