Opinión

¿Por qué nos hemos abandonado?

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DIARIO VIRAL

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Semana Santa es una fecha que invita a la reflexión, no solo sobre la fe, sino también sobre nuestra relación con la responsabilidad y la culpa. La frase “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, atribuida a Jesucristo en la cruz, por el evangelista, encapsula un momento de profundo cuestionamiento y dolor. Estas palabras reflejan un reclamo hacia su Padre, quien también es Dios, por el sufrimiento que estaba experimentando. Sin embargo, lo interesante es que Jesús, siendo también divino, decide no liberarse de ese castigo, sino transferir la culpa a su padre. Este acto refleja la tendencia muy humana de buscar culpables externos en lugar de asumir nuestra propia responsabilidad.

En nuestra vida cotidiana, esta dinámica se repite constantemente. Frente a problemas sociales como la pobreza, la inseguridad ciudadana, la corrupción, las injusticias, la discriminación y la contaminación ambiental y un larguísimo etcétera, señalamos a otros como responsables. Es fácil culpar a los gobernantes, a las instituciones o incluso a la sociedad en general por los males que nos aquejan. Sin embargo, ¿cuántas veces nos detenemos a reflexionar sobre nuestro papel en estas situaciones?

Elegimos a líderes que no cumplen con sus promesas, permitimos que la corrupción reine al no exigir transparencia, y contribuimos a la contaminación con hábitos poco sostenibles. La Semana Santa, entonces, debe también ser vista como una oportunidad para mirar hacia adentro y cuestionar nuestras propias acciones y decisiones. ¿Estamos realmente abandonados, o somos nosotros quienes nos hemos abandonado a nosotros mismos? La elección de gobernantes como Fujimori o Humala, condenados y sentenciados por delitos muy graves, es un ejemplo claro de cómo nuestras decisiones colectivas tienen consecuencias profundas. Al elegir a pillos y ladrones, como los crucificados junto a Jesús, estamos delegando nuestra responsabilidad y perpetuando un ciclo de culpa y victimización.

En última instancia, la reflexión que surge de esta fecha no debería limitarse a lo meramente espiritual, sino extenderse a lo social, económico y político. 

Dejemos de culpar a Dios por nuestros errores y asumamos nuestro propio abandono. ¿Qué ganamos recorriendo iglesias, ayunando, rezando, yendo a procesiones, si somos irresponsables con lo más importante que tenemos: nuestro futuro? Al final de cuentas, es nuestro país el que quedará y la forma en que de una u otra manera tratemos de mejorarlo antes de dejar este mundo.

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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