La presidenta Keiko Fujimoriha ha dado varias medidas para instaurar la disciplina en los centros educativos públicos y privados, como prohibir el uso de celulares durante las clases escolares y tener el cabello corto (en varones) y no usar maquillaje (en mujeres).
En el Perú tenemos problemas educativos que van mucho más allá del cabello o los celulares: violencia escolar, acoso, deficiencias en la comprensión lectora, dificultades en el aprendizaje del curso de matemática y falta de recursos en muchos centros educativos.
Por eso, cabe preguntarse si las autoridades escolares están concentrando sus esfuerzos en lo esencial: formar mejores ciudadanos, desarrollar el pensamiento crítico y enseñar valores, respeto y responsabilidad.
Un colegio necesita autoridad, pero también necesita educadores que sepan orientar. La autoridad sin diálogo puede generar obediencia temporal; una educación basada en normas justificadas, respeto y responsabilidad puede formar hábitos duraderos.
Limitar el uso de celulares durante las clases tiene una justificación pedagógica importante. Exigir el pelo corto, en cambio, requiere una justificación más específica y no debería confundirse con calidad educativa. Ambas medidas deben evaluarse por sus objetivos, su proporcionalidad y sus resultados, no simplemente por el grado de obediencia que consiguen.
La decisión de imponer medidas colectivas en los colegios, como exigir el pelo corto a los escolares y prohibir el uso de celulares, abre un debate importante sobre la disciplina, la educación y los derechos de los estudiantes.
Mi análisis es que la disciplina escolar es necesaria, pero debe tener una finalidad educativa y no convertirse en una imposición arbitraria.
Un colegio puede establecer normas razonables de presentación personal, higiene y uniformidad. Sin embargo, exigir obligatoriamente el pelo corto a todos los estudiantes no garantiza que aprendan más, respeten a sus profesores o mejoren su rendimiento académico.
La disciplina se demuestra con responsabilidad, puntualidad, respeto y cumplimiento de los deberes, no solamente con la apariencia física. Norma que deben aprenderse en en el seno del hogar, con padres responsables de la formación moral y ético de sus hijos. Cualquier regla sobre el cabello debería tener una justificación educativa clara, ser proporcional y respetar la dignidad de los alumnos.