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Niños migrantes

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DIARIO VIRAL

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Este domingo celebramos la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, instituida en el año 1914 por el papa Benedicto XV. Siguiendo la tradición de sus predecesores en estos 112 años transcurridos desde entonces, el papa León XIV ha emitido también un mensaje para esta Jornada, que lleva por título «Incluso uno solo de estos pequeños», lema tomado de unas palabras de Jesús en el Evangelio de San Mateo (Mt 18,10). A través de ellas, el Papa nos llama a «prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida», a preocuparnos por ellos que son millones de niños y adolescentes que constantemente se ven obligados a abandonar su hogar y su tierra a causa de la pobreza, la violencia, los desastres medioambientales, etc. 

Como sabemos, esto no sucede solamente en Medio Oriente o en África. Sucede también en nuestra América del Sur: cuántos peruanos, en los momentos más difíciles de nuestra patria, tuvieron que migrar; cuántos de nosotros tenemos familiares o conocidos que han migrado a otras naciones por necesidad; y cuántos hermanos nuestros han llegado al Perú, desde Venezuela u otros países, en la última década. Muchos de ellos son niños o adolescentes que, como dice el papa, «afrontan el viaje junto a sus padres, pero expuestos a condiciones extremas y traumáticas», otros son «separados durante largos períodos de sus familiares», y no faltan quienes «han perdido a sus padres, hermanos, hermanas y amigos».

Ante esta dolorosa realidad de niños cuya «dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas», León XIV nos dice que «no podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento», nos recuerda las palabras de Jesús: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (Mt 18,5), y nos recuerda también que cada niño posee una dignidad infinita, es imagen y semejanza de Dios. De ahí la urgencia de «abrir los ojos y el corazón para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueñosreconocer al niño en su dignidad, aun antes que en su condición de “migrante, y proteger sus derechos fundamentales». 
Cada niño es una presencia del Señor y nos brinda la oportunidad de encontrarnos con Jesús.

Por eso, quisiera hacerme eco de este mensaje del papa y pedir que en todas nuestras parroquias y comunidades cristianas los acojamos, junto a sus padres y familiares, «como miembros de pleno derecho de la familia eclesial». No los dejemos solos y aislados. No los rechacemos. Por el contrario, como nos exhorta León XIV: «Las comunidades de fe están llamadas a crear espacios en los que cada niña y cada niño sean respetados y valorados en sus respectivas identidades culturales». Prestemos especial atención a las familias migrantes y procuremos incorporar a los niños en nuestros grupos de Primera Comunión, a los adolescentes en nuestros grupos juveniles, de modo que sientan que la Iglesia es una casa para todos. Sepamos acoger a los migrantes, respetar a cada uno en su dignidad y ayudarlos a integrarse en la sociedad. Así, nuestra Iglesia será cada vez más signo vivo y creíble del Evangelio.

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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