El desabastecimiento de medicamentos en Essalud ya no es un problema aislado ni temporal. Ocurre en una institución que atiende a más de 13 millones de asegurados y que, según exfuncionarios y especialistas, sí tiene presupuesto, normas y sistemas para evitar llegar a este punto. Sin embargo, la realidad es otra: hospitales de todo el país reportan faltantes graves, y quienes pagan el costo son los pacientes y sus familias.
Las cifras hablan por sí solas. En Iquitos faltan 62 medicamentos; en Piura, 93; en Lima, hospitales emblemáticos como Rebagliati, Sabogal y Almenara también registran quiebres de stock. En Arequipa, la situación es aún más dolorosa: establecimientos de salud como Metropolitano, Escomel, Carlos Alberto Seguín Escobedo y en general casi todos los locales enfrentan no solo falta de medicinas, sino también ausencia de citas, falta de tratamientos en hemodiálisism, deudas a proveedores de traumatología y atención básica. El abandono llega a tal nivel que incluso la Cámara de Comercio de Arequipa calificó esta situación como inhumana.
Lo más grave es que el problema no se explica por falta de dinero. Hay análisis de exdirectivos causantes de esta crisis que ahora son críticos de errores no solucionados en su momento, es el caso de Virginia Baffigo, expresidenta ejecutiva de EsSalud, quien señala que el origen está en una mala planificación y en diagnósticos errados de las necesidades reales.
El proceso de abastecimiento está normado y tiene plazos claros, se ajustan al presupuesto aprobado por el MEF para recién comprar. Por eso, las rupturas de stock no deberían ocurrir si se trabajara con anticipación, control técnico y responsabilidad administrativa.
Mientras los expedientes van y vienen, los pacientes compran medicinas de su bolsillo, suspenden tratamientos o simplemente empeoran. Esta no es solo una falla logística: es una falla ética. Un sistema de salud que cobra aportes mensuales no puede normalizar la escasez. Esta crisis exige decisiones serias, no improvisación, los pacientes no pueden esperar, su vida está en riesgo.