La violencia escolar no puede seguir tratándose como un problema menor ni resolverse con llamados de atención que nadie cumple. Cuando un estudiante agrede a un compañero y la víctima termina viviendo con miedo de asistir a clases, la comunidad educativa ha fallado en su deber de proteger. Por eso, el ministro de Educación, José Antonio Chang Escobedo, ha puesto sobre la mesa una cuestión incómoda, pero necesaria: los padres también deben asumir su responsabilidad en la conducta de sus hijos.
El llamado de Chang es oportuno porque no toda la tarea educativa puede recaer sobre los profesores. En casa se aprenden los primeros límites, el respeto por los demás y la responsabilidad por las propias acciones. ¿De qué sirve exigir disciplina en el colegio si, cuando un hijo agrede, algunos padres justifican su conducta, cuestionan automáticamente al docente o se niegan a reconocer el problema? Defender a los hijos no significa encubrir sus errores; significa enseñarles a reconocerlos y corregirlos.
Eso no libera al Estado ni a las escuelas de sus obligaciones. Los directores y docentes deben contar con protocolos claros, actuar frente a las denuncias y proteger a quienes sufren acoso o agresiones. La propuesta de nuevos lineamientos disciplinarios debe permitir sanciones proporcionales y firmes ante las faltas graves, con garantías y evaluación de cada caso. Ningún estudiante debería verse obligado a abandonar su colegio por miedo, mientras la violencia continúa sin una respuesta efectiva.
La disciplina no es autoritarismo, así como comprender a un estudiante no significa justificar una agresión. Los padres deben educar con el ejemplo, las escuelas deben intervenir a tiempo y las autoridades tienen que garantizar reglas que se cumplan. Si cada parte evade su responsabilidad, la víctima queda sola y el agresor aprende que no existen consecuencias. La pregunta es directa: ¿qué clase de adultos estamos formando si, en lugar de enseñarles a respetar los límites, convertimos cada falta de sus hijos en una culpa ajena? La lucha contra la violencia escolar empieza cuando dejamos de buscar excusas y comenzamos a asumir responsabilidades.