Opinión

La campiña arequipeña en los recuerdos de nuestros abuelos

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DIARIO VIRAL

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En los recuerdos de los arequipeños mayores permanece la imagen de una ciudad rodeada de chacras, caminos rurales y acequias que llevaban agua entre los cultivos. Era una Arequipa en la que la campiña formaba parte del paisaje y donde la vida agrícola mantenía una relación estrecha con las costumbres de sus habitantes.

Nuestros abuelos conocieron caminos por los que se caminaba entre sembríos, casas construidas con materiales de la zona y terrenos donde el trabajo del campo marcaba el ritmo de los días. Las acequias no solo cumplían la función de conducir el agua para el riego, también eran parte de un paisaje, ligado a la organización de las labores agrícolas y a la vida de las familias.

La campiña representaba mucho más que un espacio productivo. Era un lugar de encuentro entre vecinos, de transmisión de conocimientos y de aprendizaje para las nuevas generaciones. Sembrar, cosechar y cuidar la tierra eran actividades que exigían esfuerzo, paciencia y cooperación. En torno a ellas se conservaban prácticas y saberes que pasaban de padres a hijos, formando parte de una identidad vinculada al territorio.

Con el crecimiento urbano, parte de esos paisajes comenzó a transformarse. Nuevas viviendas, avenidas y construcciones ocuparon terrenos que durante décadas estuvieron dedicados a la agricultura. Arequipa se expandió, cambió sus formas de habitar y multiplicó sus actividades, pero ese desarrollo también modificó la relación de la ciudad con su campiña.

Recordar aquellos paisajes no significa rechazar el progreso ni pensar que la ciudad debe permanecer inmóvil. Significa reconocer que el crecimiento urbano también necesita memoria y planificación. La campiña constituye un patrimonio cultural y ambiental que merece ser valorado, no por su belleza, sino por la historia y el trabajo que representa.

Quizás nuestros abuelos no imaginaban cuánto cambiaría Arequipa. Sin embargo, sus recuerdos nos permiten comprender que la ciudad no nació separada del campo. Entre chacras, acequias y caminos se construyeron costumbres que forman parte de nuestra identidad.

Conservar esa memoria es también una manera de cuidar Arequipa y de recordar que, antes de extenderse entre edificios y avenidas, la ciudad aprendió a vivir junto a su tierra.

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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