Keiko Fujimori reconoció en Puno que el Estado mantiene una deuda pendiente con el sur del país y admitió que anteriores gobiernos no otorgaron suficiente prioridad a esta región. Su compromiso ahora es acercar el Gobierno mediante obras y mayor presencia estatal.
La presidenta anunció proyectos como una planta procesadora de fibra de alpaca, vicuña y llama, además del impulso de la doble vía Macusani-Nuñoa y el respaldo a la Universidad de Carabaya.
También entregó títulos de propiedad rural, semillas, forraje, bienes y maquinaria destinados a fortalecer las actividades agropecuarias durante su visita a la Feria Nacional de Camélidos Sudamericanos.
Reconocer el abandono es un primer paso, pero el sur necesita mucho más que discursos y entregas puntuales. Arequipa, Puno, Cusco, Moquegua y Tacna llevan años esperando infraestructura, salud, educación, conectividad y oportunidades.
La deuda con el sur no se paga con promesas: se paga con presupuesto, obras concluidas y presencia permanente del Estado.
El anuncio de una planta para transformar la fibra de los camélidos puede convertirse en una oportunidad real si logra que la riqueza producida en las comunidades genere mejores ingresos para los productores. Lo mismo ocurre con las carreteras y la educación superior: no deben quedarse en anuncios inaugurales, sino avanzar con cronogramas, presupuesto y responsables identificables.
Puno merece que esta nueva etapa no sea solamente una visita presidencial por aniversario o una fotografía. La presencia del Estado debe sentirse durante todo el año, especialmente en las comunidades más alejadas. Si Fujimori reconoce que existe abandono, ahora tiene que demostrar que su Gobierno puede hacer algo diferente: escuchar al sur, invertir en el sur y cumplirle al sur.