El Fenómeno de El Niño vuelve a poner al Perú frente a una realidad que conocemos demasiado bien: las lluvias intensas, las inundaciones, los huaicos, las carreteras bloqueadas y ahora también la cancelación de vuelos en la ciudad de Arequipa no son hechos aislados, sino señales de un país que todavía no ha aprendido a convivir con sus propios riesgos climáticos.
El Gobierno ha reaccionado declarando estados de emergencia en numerosos distritos y anunciando medidas para atender las zonas afectadas. Pero la pregunta fundamental no es cuántas emergencias se declaran, sino qué tan rápido llega la ayuda a la población y cuánto se ha hecho antes de que llegue el desastre que los afecta.
Porque cuando el agua ingresa a las viviendas, los ríos se desbordan, las vías quedan interrumpidas por los huaicos y los aeropuertos deben suspender operaciones por las condiciones meteorológicas, el ciudadano común no quiere escuchar solamente anuncios oficiales. Quiere maquinaria, puentes, vías habilitadas, atención médica, alimentos y seguridad para su familia.
Las lluvias también golpean la economía. Un vuelo cancelado no representa solamente un pasajero varado: significa pérdidas para el turismo, hoteles, restaurantes, comerciantes y miles de trabajadores vinculados al sector turístico. En regiones como Arequipa, las lluvias y huaicos ya han tenido un impacto importante sobre la actividad turística.
Ayer se suspendieron todos los vuelos a Arequipa. Los aviones no han podido aterrizar por la densa neblina que impide a los pilotos operar de manera segura y llevar la nave a tierra. Para no sufrir estas cancelaciones, especialmente en los meses de enero, febrero y marzo, se requiere optimizar ayudas electrónicas de guía instrumental de alta precisión, como equipos ILS (instrument Landing System) de categoría II o III que permita guiar al avión con visibilidad casi nula. También luces de aproximación de alta intensidad. Esto se sabe años, pero ni Corpac ni la empresa que concesiona el aeropuerto no dan solución.
El sur está aislado por carretera. El domingo cayó un huaico en el tramo Atico- Chala. Ayer se registró otro huaico en la carretera Costanera , interrumpiendo el tránsito de Ilo hacia Tacna.
El gran desafío del Gobierno, por tanto, es no convertir la emergencia en una rutina administrativa. Declarar un distrito en emergencia es apenas el primer paso. El Perú no puede seguir esperando que llegue el desastre para comenzar a actuar. El fenómeno de El Niño es conocido, sus consecuencias también y existen instituciones como el Senamhi y el ENFEN que permiten anticipar escenarios.
Por eso, este fenómeno será también una prueba política para la presidenta Keiko Fujimori. Si logra responder con rapidez, coordinación y transparencia, podrá demostrar capacidad de gestión. Si, por el contrario, volvemos a ver poblaciones abandonadas, carreteras destruidas, aeropuertos paralizados y autoridades llegando después de la emergencia, quedará en evidencia que seguimos confundiendo reacción con prevención.
El Niño no solamente está poniendo a prueba nuestras ciudades y nuestra infraestructura. Está poniendo a prueba al propio Estado. Y esta vez el Gobierno no puede darse el lujo de decir que no estaba advertido.