Las cifras sobre el desabastecimiento de medicamentos y las largas esperas para conseguir una cita médica son preocupantes, son décadas de la misma crisis y no hay soluciones permanentes. Detrás de esos números existen historias que reflejan el verdadero costo de una crisis que se arrastra desde hace años. En esta edición, en la página 3 leerá como una ciudadano denuncia que tuvo que comprar por su cuenta un medicamento oncológico porque Essalud solo entregó parte del tratamiento; otra recuerda con dolor el retraso en una biopsia que prolongó la incertidumbre de una paciente con cáncer de páncreas; un adulto mayor espera durante meses una cita para aliviar un dolor que limita su vida diaria. Son testimonios distintos, pero todos describen la misma realidad.
No se trata de que este medio de comunicación quiera generar conflictos ni de desacreditar el esfuerzo del actual gerente de la red, de médicos, enfermeras, técnicos y trabajadores que diariamente hacen todo lo posible por atender a los pacientes.
Pero, el problema es que el sistema parece haber normalizado las demoras, el desabastecimiento y la burocracia. Cuando un paciente debe esperar dos o tres meses por una consulta especializada, comprar medicamentos que deberían estar cubiertos por el seguro o postergar un tratamiento por falta de equipos, el derecho a la salud deja de ser una garantía para convertirse en una incertidumbre.
Los empleadores aportan cada mes para sostener EsSalud. La institución cuenta con un presupuesto asignado y con profesionales altamente capacitados. Por eso, la pregunta no debería ser únicamente cuánto dinero existe, sino cómo se administra y por qué, pese a los recursos disponibles, persisten problemas que se repiten gestión tras gestión. La salud no puede depender de la suerte, de los contactos o de la capacidad económica para comprar aquello que el sistema no entrega.
El nuevo presidente ejecutivo y el gerente de Arequipa reconocen que existe una crisis y prometen cambios. Ese es un primer paso, pero los asegurados necesitan mucho más que diagnósticos. Necesitan medicamentos oportunos, equipos funcionando, citas en tiempos razonables y una atención verdaderamente humana. Porque antes que expedientes o estadísticas, quienes llegan a Essalud son personas que depositan en esa institución lo más valioso que tienen: su salud y, muchas veces, su esperanza.