El lunes último, 570 mil profesores de todo el país celebraron su día. Ninguno laboró, a muchos agradecieron y las dirigencias sindicales festejaron con el dinero de sus agremiados.
Pero la educación en el país se desangra porque los pilares básicos del proceso educativo están inmersos en la mediocridad y la orfandad. Los profesores no tienen la debida preparación, la infraestructura y equipamiento de los colegios es paupérrima, las políticas educativas y los contenidos impartidos son inapropiados y el presupuesto es diminuto.
Quizá el próximo gobierno de la señora Fujimori convenga que la piedra angular del desarrollo integral del pueblo está en su educación. Si anhelamos compatriotas que respondan con criterio personal y racional a las disyuntivas sociales del país, que mejoren la capacidad de generar riqueza respetando la ley y la institucionalidad, entonces, la repuesta está en una educación de calidad.
El estado tiene 55 293 colegios. El 78.3 % están en áreas rurales, pero curiosamente ahí laboran sólo el 29 % de los 400 mil profesores que integran la carrera pública magisterial. Se explica esta grave incongruencia, porque en 25 mil centros estudiantiles sólo labora un profesor. Esos colegios tienen menos de 25 estudiantes matriculados.
Este es el gravísimo tema de la dispersión poblacional existente en la Amazonía y el Ande peruano. Niños que estudian en una misma aula, con un solo profesor que enseña a los 5 años de primaria, sin recursos ni opciones pedagógicas adecuadas. Y en locales que carecen de áreas recreativas y deportivas que limitan gravemente el desarrollo motriz, social y de personalidad de los estudiantes.
Pero hay otras cifras que también son de padecimiento extremo. De los 43,266 colegios del estado en áreas rurales, 33 mil carecen de servicios de agua potable, alcantarillado y energía eléctrica. En la Amazonía hay 14,500 y en el Ande, 18,500. Y sólo el 15.6 % de los 55,293 colegios públicos en el país, tienen servicios de internet. La gran mayoría están en la costa.
La pregunta central de este drama educativo está en cómo hacer para que los colegios rurales del Ande y la Amazonía tengan buena infraestructura, equipamiento y la población escolar apropiada. La respuesta es compleja y costosa.
Una opción es vencer la dispersión poblacional, construyendo colegios que sean hogares educativos, para que los estudiantes de primaria y secundaria permanezcan internados 4 días a la semana, recibiendo educación intensiva y de calidad. Y aprovechando para que reciban alimentación balanceada para desterrar la anemia y desnutrición infantil.
Posiblemente se reduzcan los actuales 43,266 colegios rurales que tiene el estado, a una décima parte, pero los resultados serían óptimos.