Opinión

El tiempo de la creación

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DIARIO VIRAL

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El 1 de septiembre hemos celebrado la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, instituida por el papa Francisco en el año 2015. Con ella, además, comienza cada año el así llamado “Tiempo de la creación”, que va hasta el 4 de octubre en que la Iglesia Católica celebra la fiesta de san Francisco de Asís. El Tiempo de la creación, sin embargo, no fue instituido por la Iglesia Católica sino por el Consejo Mundial de Iglesias a raíz de una iniciativa del patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Constantinopla. Es, entonces, un tiempo en que las iglesias y comunidades cristianas se unen para rezar por el cuidado de la creación y realizar diversas acciones para custodiar la “casa común” de la humanidad, que está cada vez más deteriorada a causa de la explotación indiscriminada de los recursos naturales y el calentamiento global, con las correspondientes consecuencias en el cambio climático: inundaciones debidas al descongelamiento de glaciares, como las recientemente ocurridas en Nepal y China que han causado la muerte de más de 1200 personas y más de 5000 desaparecidos, huaicos como los que ocasionaron el desborde de las torrenteras que afectó a miles de arequipeños el último verano, DANA como la que en el año 2024 destruyó más de 134 000 inmuebles en Valencia (España), desertificación de vastas zonas del planeta, que obliga a decenas de miles de familias campesinas a emigrar, la mayor severidad del fenómeno de El Niño, etc.

En ese contexto, en su mensaje para la mencionada jornada de este 1 de septiembre, el Papa León XIV nos ha invitado a «contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la sustenta», y ha puesto de manifiesto la relación que hay entre el deterioro de la creación, los conflictos bélicos en curso y la condición del corazón humano. En efecto, como nos dice el Papa, las guerras dejan una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones, y «la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos». Así lo estamos viendo, por ejemplo, a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, que comenzó en el año 2022 y todavía no termina, la actual guerra entre Estados Unidos e Irán, con su repercusión en la economía mundial, las guerras civiles en Sudán y en Myanmar, por sólo nombrar algunas, etc.

Estas guerras y el daño ecológico no son sólo el resultado de estructuras o sistemas injustos, sino «la expresión exterior de la discordia y división interiores», y «provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana». De ahí la necesidad de transformar el modo de vida que se ha ido imponiendo en este mundo posmoderno. Transformación que, como también nos dice el Papa peruano, requiere «de una conversión personal y colectiva profunda: un regreso a Dios, que reordene nuestros deseos, sane nuestras heridas y nos ayude a crecer en la virtud».  

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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