El Senado tiene ahora una responsabilidad que va mucho más allá de escoger tres nombres entre doce candidatos para elegir al futuro director del Banco Central de Reserva del Perú. De su decisión dependerá parte del futuro de la entidad y, con ello, la confianza que millones de peruanos depositan en una institución que debe mantenerse al margen de intereses políticos.
El proceso para elegir a los tres directores corresponden al Poder Legislativo y comenzó, las bancadas presentaron sus propuestas. Hay economistas con experiencia y trayectorias reconocidas, pero por tratarse del BCR, la discusión no debería reducirse a quién propone a quién ni a qué bancada pertenece cada postulante.
Lo verdaderamente importante es conocer qué profesionales tienen la preparación, independencia y solvencia necesarias para participar en decisiones que afectan las tasas de interés, el crédito, el tipo de cambio y, finalmente, el bolsillo de los ciudadanos.
El directorio del BCR requiere personas capaces de defender criterios técnicos incluso cuando estos resulten incómodos para el poder político. Esa independencia no puede ser solamente una exigencia escrita en la Constitución; debe demostrarse en la trayectoria profesional, en las decisiones tomadas y en la capacidad de mantener posiciones propias.
Por eso, la etapa de entrevistas debería convertirse en un verdadero examen público. Los candidatos deben explicar cómo entienden la estabilidad monetaria, qué posición tienen frente a los principales desafíos económicos y cómo garantizarán que sus decisiones respondan al interés nacional y no a las expectativas de quienes impulsaron sus candidaturas.
El Senado tiene la oportunidad de demostrar que la nueva bicameralidad puede elevar el nivel de las decisiones públicas. Si elige por méritos, experiencia e independencia, fortalecerá al BCR y dará una señal de responsabilidad. Si predominan las cuotas políticas, perderá una oportunidad que el país difícilmente puede darse el lujo de desperdiciar.