El impacto del Fenómeno El Niño en el país se vuelve cada vez más evidente y preocupante. Las lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos amenazan con golpear regiones vulnerables, mientras el tiempo para adoptar medidas preventivas se acorta peligrosamente. La falta de planificación oportuna puede traducirse en pérdidas humanas y económicas que podrían haberse evitado con una acción más decidida.
Las autoridades deben acelerar las labores de prevención, reforzando defensas ribereñas, asegurando sistemas de alerta temprana y garantizando recursos para la atención inmediata. No basta con reaccionar ante la emergencia: se requiere una estrategia integral que contemple escenarios diversos y que priorice la protección de las poblaciones más expuestas. La prevención es, en este contexto, la mejor inversión.
A ello, se suman otros fenómenos naturales que complican la planificación. La reciente DANA dejó daños inesperados y los movimientos sísmicos continúan afectando a regiones vecinas, recordándonos que la vulnerabilidad es múltiple. Ignorar estas señales sería un error grave, pues la combinación de eventos puede desbordar cualquier capacidad de respuesta si no se actúa con previsión.
El reto es claro: evitar que los desastres nos sorprendan desprotegidos. La experiencia demuestra que la improvisación cuesta vidas y recursos, mientras que la prevención fortalece la resiliencia nacional. Es momento de que nuestras autoridades asuman con seriedad la magnitud del desafío y conviertan la alerta en acción concreta, para que el país no vuelva a lamentar tragedias evitables.