La semana pasada empezamos este breve pero significativo recuento sobre el proceso de construcción de la educación universitaria. Sintetizábamos sus orígenes internacionales, así como las principales profesiones y materias que en ellas se impartían; para finalizar con la mención a la actividad oral como mecanismo principal de enseñanza. Esta semana descenderemos un poco más en el análisis de nuestro continente y país.
La primera universidad creada en América fue la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, fundada por real cédula del rey Carlos V en 1551. El objetivo incial de esta universidad fue formar clérigos y funcionarios coloniales capaces de sostener el aparato administrativo y religioso del virreinato. Para ello, las profesiones que se enseñaron durante sus primeros años, en plena colonia peruana, fueron principalmente Teología, Derecho Canónico y Civil, Medicina y Artes. Con el pasar de los años y llegando a los siglos XVII y XVIII, aparecen más universidades en nuestro país, destacando la Universidad de San Cristóbal de Huamanga (1677) y la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (1692). Este incremento respondía a la necesidad de atender la demanda educativa de las élites regionales y consolidar la presencia cultural y política de la Corona española. Para ello, las profesiones también se fueron diversificando, apareciendo estudios de Filosofía, Matemáticas, Gramática, Retórica y Ciencias Naturales.
Por otro lado, las materias que en estas universidades se impartían eran lógica, metafísica, moral, latín, retórica, derecho y medicina; todo ello iba de la mano con la tendencia vista la semana pasada: una formación enciclopédica que le daba el carácter universal a la educación superior. Se trataba de enseñar de todo a todos, sin distinción de la especialidad profesional, bajo el ideal de formar sujetos cultos y versados en múltiples áreas del saber. Estas universidades, durante la colonia y hasta el siglo XIX, se organizaban de la siguiente manera: un rector elegido por los claustros, facultades y un sistema de grados que incluía bachillerato y doctorado. La estructura reproducía el modelo europeo, pero adaptado a las condiciones locales. Los claustros eran espacios de deliberación académica y política, mientras que las clases se impartían en aulas austeras, con predominio de la palabra oral y la memorización.
Finalmente, las principales metodologías de enseñanza eran la lección magistral, la disputa escolástica y la repetición oral, caracterizadas por el énfasis en la autoridad del maestro, la argumentación lógica y la memorización de textos clásicos. Estas prácticas estaban orientadas hacia la formación de profesionales que pudieran servir a la Corona y a la Iglesia, pero también hacia la consolidación de una élite intelectual criolla. Como vemos, la educación superior en la colonia no solo tomó como referencia lo que desde Europa se proyectaba, sino que también sentó las bases de un carácter propio de la educación superior peruana, tomando en cuenta nuestras características sociales, culturales y políticas.