Opinión

Chicha de guiñapo la memoria líquida de Arequipa

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En Arequipa, la identidad no solo se contempla en la arquitectura de sillar ni se escucha en el eco de sus tradiciones: también se bebe, lenta y densamente, en una jarra de chicha de guiñapo. Hay en su color oscuro y en su sabor ligeramente amargo una historia que no necesita ser contada en voz alta, porque se reconoce en la memoria de quienes han crecido entre picanterías, patios abiertos y mesas compartidas.

El guiñapo, ese maíz negro germinado con paciencia, encierra más que un proceso artesanal. Es tiempo detenido. Es el conocimiento transmitido sin apuro, de generación en generación, muchas veces en manos de mujeres que han hecho de la cocina un espacio de resistencia cultural. Preparar chicha no es solo mezclar ingredientes, es repetir un ritual que ha sobrevivido a los cambios de época, al avance de lo industrial y a la tentación de lo inmediato.

Antes, beber chicha de guiñapo era parte inseparable de la vida cotidiana. Las picanterías no eran solo lugares para comer, sino escenarios donde la ciudad se encontraba consigo misma. Entre cucharadas de adobo y risas compartidas, la chicha circulaba como un lenguaje común. Era el punto de encuentro entre obreros, familias y viajeros, uniendo voces distintas en una misma conversación.

Hoy, esa escena convive con nuevas formas de consumo. La modernidad impone ritmos distintos, espacios más rápidos, experiencias más fugaces. Sin embargo, la chicha de guiñapo resiste. No se adapta del todo ni busca hacerlo. Permanece fiel a su esencia, como si supiera que su valor no está en reinventarse, sino en mantenerse.

No es una reliquia ni un vestigio. Es una presencia viva que sigue dando sentido a la gastronomía arequipeña. En cada sorbo hay una afirmación silenciosa: que la identidad no se pierde cuando se transforma, siempre que conserve su raíz.

Así, entre vapores de cocina y conversaciones pausadas, la chicha de guiñapo sigue ocupando su lugar. No como un símbolo del pasado, sino como una forma vigente de entender quiénes somos. Porque en Arequipa, beber también es recordar, y recordar, a su manera, es una forma profunda de pertenecer.
 

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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