Opinión

Arequipa: títulos que comprometen

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DIARIO VIRAL

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Arequipa es mucho más que una ciudad. Es una herencia que recibimos de quienes, desde 1540, empezaron a construir una historia que aún nos habla.

Los títulos de Muy Noble y Muy Leal, Fidelísima, Heroica Ciudad de los Libres de Arequipa y Roma del Perú no se dieron por casualidad. Cada uno surgió de momentos históricos que reconocieron virtudes, sacrificios, lealtades, rebeldías y una fuerte vocación de libertad.

Conviene recordarlo cada vez que celebramos un nuevo aniversario. Porque una ciudad no vive únicamente de sus piedras, sus volcanes, sus campiñas o sus monumentos. Vive, sobre todo, de los valores que sus generaciones son capaces de conservar y transmitir.

García Manuel de Carvajal dejó, junto con la fundación, ejemplos de pulcritud, servicio y mesura. Juan de la Torre legó disciplina, sacrificio, lealtad y justicia. Aquellos primeros vecinos sembraron virtudes y también defectos, como ocurre en toda comunidad humana.

Después llegaron otros nombres que hicieron de Arequipa una ciudad protagonista. Vizcardo y Guzmán aportó pensamiento libertario; Mariano Melgar entregó poesía, juventud y vida; los Pasquines expresaron tempranamente una conciencia de patria.

Magdalena Centeno y muchas personas anónimas muestran que la historia se hace con el esfuerzo de todos los días y no solo con los actos de los líderes famosos. El sacrificio de gente común impulsa los grandes cambios sociales.

Por eso, Arequipa fue, llamada por ley, Heroica Ciudad de los Libres. Su libertad nunca fue únicamente una palabra política. Fue también una manera de entender la dignidad humana, la responsabilidad y el derecho a construir un destino propio.

Roma del Perú es otro título que compromete. La fe arraigó profundamente en esta tierra y encontró expresiones luminosas en Ana de los Ángeles, en sus obispos, sacerdotes y religiosos y, en generaciones de familias arequipeñas.

Pero Arequipa también es sillar, campiña, música, poesía, ciencia, arquitectura, gastronomía y trabajo. Es el Misti, vigilante y, el Chili atravesando una ciudad que aprendió a levantarse después de cada terremoto.

Aquí está, quizá, nuestra mayor lección. Arequipa ha sido destruida muchas veces, pero nunca toleró permanecer en ruinas. Siempre reconstruyó sus casas, sus templos y, sobre todo, su esperanza.

Hoy necesitamos reconstruir aquello que los tiempos modernos pueden estar debilitando: civismo, respeto, solidaridad, cultura, identidad y amor por la ciudad. No se trata de vivir mirando el pasado, sino de merecer el futuro.

El poeta dijo que esta era la Villa que fundaste, aquella siembra de Carvajal, «tan promisoria y tan muchacha, como si fuera a comenzar». Esa frase parece escrita para nuestro tiempo.
Arequipa vuelve a comenzar cada día. Y cada generación enfrenta la misma pregunta: ¿qué haremos con la herencia que recibimos?

Porque los títulos están escritos en la historia. El verdadero homenaje será demostrar que todavía los merecemos.

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Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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