Arequipa trabaja, pero ¿cómo trabaja?
Arequipa suele presentarse como una región económicamente sólida. Sin embargo, persiste una deuda laboral que afecta especialmente a mujeres y jóvenes.
Las mujeres arequipeñas perciben en promedio S/1733 mensuales, unos S/911 menos que los hombres. Además, el 73,3 % trabaja en la informalidad.
La paradoja se extiende a los jóvenes. El desempleo juvenil llega al 10,7 %, frente al 6,7 % de la desocupación general. Más de 51 000 jóvenes no estudian ni trabajan, mientras que cerca del 70 % de los jóvenes ocupados permanece en la informalidad.
No se trata solamente de conseguir un puesto. Se trata de acceder a un empleo con derechos, capacitación, protección social y posibilidades reales de progreso. Esa diferencia cambia el significado de la palabra “trabajo”.
Arequipa tampoco está aislada. El Perú registra alrededor de 71 % de informalidad laboral, frente a un promedio latinoamericano cercano al 45 %. La participación laboral femenina alcanza el 70 %, una de las más altas de Sudamérica.
En Arequipa, el problema nacional adquiere rostros concretos. Más del 70 % de la masa trabajadora regional se agrupa en micro y pequeñas empresas. Los servicios y el comercio concentran una buena parte de la población ocupada.
Aquí aparece otra contradicción. Las empresas peruanas declaran dificultades para encontrar trabajadores con las competencias requeridas. Al mismo tiempo, miles de jóvenes ingresan al mercado laboral sin la preparación que las nuevas actividades requieren.
Por eso resulta pertinente mirar hacia la educación STEM. Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas permiten aprender resolviendo problemas reales. También favorecen el pensamiento crítico, la creatividad y el trabajo en equipo.
Arequipa necesita articular sus universidades, institutos, empresas y Estado. No basta con formar profesionales. Hay que formar personas cuyas capacidades encuentren oportunidades en una economía que cambia constantemente.
La formalización tampoco puede reducirse a una exigencia burocrática. Si formalizar cuesta demasiado, muchas pequeñas empresas seguirán atrapadas en la baja productividad. La solución exige combinar incentivos, capacitación y financiamiento, además de fiscalización efectiva.
También existe una realidad que suele quedar fuera de las estadísticas. Las mujeres soportan una carga mayor: el trabajo doméstico no remunerado, lo que limita sus posibilidades de acceder a empleos formales.
La pregunta, entonces, no es solamente cuántos arequipeños trabajan. La pregunta es cuánto vale ese trabajo para quien lo realiza y para su familia.