Arequipa volvió a reflejar la crisis política que golpea al país. La suspensión de una sesión extraordinaria en la municipalidad provincial dejó al descubierto un escenario alarmante: oficinas sin funcionarios clave, desorganización interna y una gestión que empezó mostrando más incertidumbre que liderazgo. La salida de Víctor Hugo Rivera no cerró el caos municipal; apenas abrió una nueva etapa llena de dudas.
La primera señal de debilidad fue contundente. Pese a existir quórum con 12 regidores presentes, la sesión convocada para debatir presupuesto del Órgano de Control Institucional no pudo desarrollarse por la ausencia de secretaria general y asesor legal. Una ciudad como Arequipa no puede permitirse una municipalidad paralizada administrativamente apenas iniciado un nuevo gobierno.
La alcaldesa Ruccy Oscco asumió funciones con un mensaje breve, leído y sin anuncios concretos sobre las principales decisiones de gestión. No presentó a los funcionarios que liderarán áreas estratégicas ni explicó cómo enfrentará los problemas urgentes de la ciudad. En política, las primeras horas son determinantes porque revelan preparación o improvisación. Hoy, la percepción ciudadana apunta peligrosamente a lo segundo.
El problema va más allá de un cambio de alcalde. Arequipa acumula años de gobiernos débiles, obras inconclusas y autoridades que llegaron con popularidad, pero sin capacidad técnica para administrar una ciudad compleja. La vacancia de Rivera terminó confirmando que el respaldo político o mediático no garantiza eficiencia ni resultados para la población.
La preocupación crece porque la política local empieza a copiar los peores errores del escenario nacional: luchas internas, disputas de poder y ausencia de planificación. Mientras el Perú atraviesa crisis, Arequipa necesita marcar diferencia con gestión eficiente y transparencia, no repetir modelos.
Ruccy Oscco tiene ocho meses para demostrar que puede cambiar el rumbo del municipio y recuperar la estabilidad. El tiempo corre rápido y la paciencia ciudadana es menor. Arequipa ya no necesita autoridades que aprendan sobre la marcha. Necesita orden, capacidad y resultados inmediatos antes de que otro periodo perdido termine en atraso de la ciudad.