Los planes de gobierno del 2022 para nuestras provincias con sector altoandino se quedaron en “letra muerta”. Los pobladores y comuneros de Castilla, Caylloma y La Unión, se ven obligados a migrar hacia la capital provincial en busca de un empleo digno y servicios básicos que nunca llegaron.
En Caylloma, el alcalde Alfonso Mamani Quispe incluyó en su plan la construcción de “viviendas calientes” y un parque temático.
Sin embargo, la brecha de infraestructura persiste y el anunciado salto en conectividad vial y salud aún dista mucho de ser una realidad para las comunidades que siguen a la espera del hospital en el distrito de Caylloma.
OTRO CASO. Por su parte, Renzo Pastor Alatrista prometió para Castilla obras insólitas como mejorar los sistemas de captación de agua para aumentar la vaporización del volcán Coropuna para producir más hielo. Sumado a ello, la ansiada construcción y mejora del hospital de Aplao continúa esperando, dejando desprotegida a la población vulnerable.
“Mejorar el sistema de bofedales, mediante la reforestación y para mejorar los manantiales agua abajo, así como los sistemas de capación para mejorar la vaporización que permitirá aumentan la producción de hielo en el volcán Coropuna”, se lee.
MÁS PROMESAS. En La Unión, la gestión edil de Alfonso Chipana Ñuñuri planteó una curiosa alianza con la Universidad Agraria La Molina y el INIA Puno para resolver los problemas agrícolas. No obstante, el campo continúa rezagado en subsistencia y la baja calidad de vida acelera la constante despoblación de sus distritos.
El turismo tampoco logró despegar hacia la modernización proyectada, manteniéndose como un recurso subaprovechado. La falta de la prometida “Autoridad Autónoma de Cotahuasi” y el olvido de los circuitos de Castilla dejan al sector sin el dinamismo necesario para sostener las economías locales.
Ante la ausencia de hospitales equipados, empleo productivo y servicios esenciales, los ciudadanos de estas tres provincias siguen abandonando sus hogares. Las megapromesas archivadas confirman que sin inversión real, la emigración hacia Arequipa continuará siendo la única vía de supervivencia.