La festividad del Señor de Imarrucos vuelve a congregar a cientos de creyentes en el distrito de Taraco, donde cada año la fe, las tradiciones y las expresiones culturales se unen durante la celebración de Pentecostés, considerada una de las manifestaciones religiosas más arraigadas de la zona.
La celebración se desarrolla en lo alto de un cerro durante la semana del 11 al 16 de mayo, al que los fieles ascienden tras una caminata cercana a una hora. Una vez en la cima, los devotos encienden velas en las diferentes capillas como símbolo de agradecimiento y esperanza, principalmente por la prosperidad de sus actividades ganaderas y comerciales.
Las velas representan, además, la protección y productividad de sus animales.
La festividad también impulsa una importante actividad comercial. Comerciantes, artesanos y chamanes provenientes de Bolivia llegan al lugar para participar en una tradicional feria de miniaturas, instalada desde la noche del jueves 14 de mayo. Los vendedores permanecen en la cima para ofrecer diversos artículos a los peregrinos desde las primeras horas del día.
Según explicó Gloria Mariluz Estofanero Mamani, el viernes 15 de mayo los alferados de las comunidades encabezan los actos centrales de la primera misa en honor al Señor de Imarrucos. Posteriormente, se desarrollan danzas tradicionales acompañadas por expresiones folclóricas como los Puli Pulis, Vacas Locas y Ocumaris, manifestaciones culturales representativas del distrito.
La celebración cerró el sábado 16 de mayo con masiva llegada de devotos portando flores, velas y ofrendas. Durante la tarde, los alferados descienden desde la cima del cerro acompañados por músicos y danzantes, siendo recibidos por otro grupo de creyentes en las faldas del lugar, donde la festividad se transforma en una expresión colectiva de fe, identidad y tradición.