Cada 21 de julio, el mundo celebra el Día Mundial del Perro, una fecha que también pone en valor la historia de las razas originarias del Perú. Diversas investigaciones arqueológicas revelan que estos animales acompañaron a las antiguas civilizaciones peruanas hace más de 7,000 años, desempeñando un papel clave en la vida cotidiana y convirtiéndose en parte de la identidad cultural del país.
Entre las razas autóctonas destaca el Perro Sin Pelo del Perú, conocido popularmente como viringo, considerado uno de los mayores símbolos del patrimonio nacional. Su singular apariencia y las propiedades terapéuticas que tradicionalmente se le atribuyen lo hicieron protagonista de representaciones en la cerámica de culturas prehispánicas como Mochica, Chimú, Lambayeque, Vicús y Chancay, donde aparece con frecuencia como figura principal.
Los estudios arqueológicos sitúan la presencia de perros domesticados en el territorio peruano entre los años 6000 y 5000 a. C., tras el hallazgo de restos óseos en la cueva de Telarmachay, ubicada en la región Junín. Estos descubrimientos evidencian la estrecha relación que existía entre los antiguos pobladores y estos animales, mucho antes del surgimiento del Imperio Inca.
El prestigio internacional del viringo se consolidó el 12 de junio de 1985, cuando la Federación Cinológica Internacional (FCI) reconoció oficialmente al Perro Sin Pelo del Perú como una raza originaria del país. Años después, el 22 de octubre de 2001, el entonces Instituto Nacional de Cultura lo declaró Patrimonio Cultural de la Nación, reforzando su protección y promoción como parte de la riqueza histórica peruana.
Además del viringo, el Pastor Chiribaya completa la lista de las dos razas caninas originarias del Perú reconocidas oficialmente. En este Día Mundial del Perro, especialistas destacan que ambos representan el legado de las culturas prehispánicas y constituyen un motivo de orgullo nacional, al reflejar la estrecha relación entre el ser humano y uno de sus compañeros más fieles a lo largo de la historia.