El fenómeno, que empezó en el sur el 15 de julio, ahora castiga especialmente a Coquimbo y Atacama, regiones desérticas del norte, donde son inusuales las lluvias extremas.
Debido a las crecidas de los ríos, varios caminos quedaron bloqueadas por el agua y el fango y algunos pueblos quedaron aislados.
En áreas rurales de Coquimbo, el ejército empleó tractores para rescatar a personas atrapadas en inundaciones, según imágenes de medios locales.
Hay barrios “llenos de barro, de agua, inundados, personas que han perdido sus casas, sus enseres, gente que está con mucha angustia”, dijo a la AFP Cristóbal Juliá, gobernador de Coquimbo, a unos 460 km al norte de Santiago.
La autoridad asegura que el último año que vivieron lluvias intensas fue en 1997, pero que “nunca” lo habían vivido “de esta forma”. “Esta vez superó con creces lo que pasó en ese entonces”, señaló.
El presidente José Antonio Kast decretó estado de catástrofe en la zona, lo que permite el despliegue de militares, restringir libertades de tránsito y desplegar recursos de ayuda más rápidamente.
La emergencia ya suma cinco fallecidos, cuatro personas desaparecidas, más de 1100 viviendas destruidas o con daños mayores y unos 2200 damnificados.
En Coquimbo las inundaciones, el barro y los cortes eléctricos provocaron interrupciones en el servicio de agua potable.
Según el representante de la Dirección Meteorológica de Chile, Arnaldo Zúñiga, desde hace dos décadas el país no enfrentaba un temporal tan extendido y con tantas lluvias.
“Hace bastantes años que no teníamos una condición similar”, aseguró a la AFP.
Unas 150 000 personas se mantienen sin servicio eléctrico a lo largo del país, informó el ministerio de Energía en su cuenta en X.