Una separación puede comenzar entre reclamos, resentimientos y procesos judiciales, pero no necesariamente debe terminar en años de peleas.
Familias que llegaron a terapia con relaciones deterioradas y padres enfrentados que acudieron al Poder Judicial consiguieron modificar sus dinámicas y alcanzar acuerdos.
Especialistas consultados por Diario Viral sostienen que la clave no es reconciliarse como pareja, sino relacionarse de nuevo como padres.
RESUELTO EN SEIS DÍAS. El juez de Familia, Reynaldo Tantaleán Odar, recuerda un caso en el que una controversia familiar pudo resolverse en apenas seis días gracias al programa “Tu Hijo Primero”, que ofrece orientación de psicólogos, educadores y trabajadores sociales.
Según explicó el juez, los resultados iniciales cuando el programa empezó a usarse fueron alentadores: de diez procesos en los que se aplicó, nueve terminaron en conciliación total.
Para Tantaleán, el Poder Judicial debería constituir una de las últimas alternativas.
Incluso cuando el conflicto ya llegó al juzgado, el acompañamiento profesional puede modificar la actitud con la que se afronta la situación.
TERAPIA. El psicólogo especialista en terapia familiar Julio César Abarca Cordero también ha observado cambios en familias que llegaron a consulta con relaciones deterioradas.
Después de la terapia algunos padres consiguieron establecer conductas más coherentes entre ambos hogares y las mejoras se reflejaron incluso en el rendimiento académico de sus hijos.
“La coparentalidad es ser los dos padres socios en la construcción de un sistema familiar, explicó.
El psiquiatra Dionicio Alberto Monrroy Meza coincide en que no es necesario esperar a que el hijo desarrolle un problema grave para intervenir. Buscar orientación cuando el conflicto comienza a desbordar a los adultos puede evitar que el enfrentamiento continúe escalando.
Abarca añade que algunas familias requieren un trabajo más amplio que la atención individual del niño. Psicología, Trabajo Social y, cuando corresponde, Psiquiatría pueden intervenir para trabajar sobre las relaciones familiares que están contribuyendo al problema.
COORDINAR. Abarca sostiene que uno de los cambios fundamentales consiste en abandonar la competencia y comenzar a negociar.
Educación, salud, disciplina, permisos y recompensas son algunos de los asuntos que necesitan coordinación. Por ejemplo, si un niño cometió una falta y ya recibió una consecuencia en una casa, la falta de comunicación puede provocar que sea castigado de nuevo en la otra.
Las rutinas también cumplen un papel clave. La separación ya representa un cambio para el menor, por lo que conservar horarios y hábitos estables puede brindarle seguridad.
Dormir y levantarse a horas similares, mantener horarios para comidas y tareas escolares, y conocer con anticipación cuándo estará con cada progenitor y sus actividades puede ayudar a reducir la incertidumbre.
No significa que las dos viviendas deban funcionar igual. Significa construir criterios coherentes para que el menor no tenga que desenvolverse entre dos sistemas enfrentados.
QUERER A LOS DOS. La psicóloga Fabiola Gonzales Otoya plantea separar el resentimiento hacia la expareja de la relación con el hijo.
Por ello, los hijos necesitan sentir que pueden conservar sus afectos sin creer que querer a uno significa traicionar al otro.
La relación de pareja puede terminar definitivamente. La responsabilidad parental, no.
“Los padres nunca se van a poder divorciar de los hijos”, concluyó Abarca.