Dicen que, aunque pocos padres se atre van a admitirlo, casi siempre hay un hijo que termina robándose más miradas que los demás. En Arequipa ocurre algo pare cido. De los tres volcanes que custodian la ciudad, el Misti es el más admirado, fotografiado y convertido en símbolo de la Ciudad Blanca. Pero la geología cuenta otra historia: uno es el abuelo, otro el padre y el último, el hijo. “El Pichu Pichu es considerado como el abuelo de estos tres”, explica Katherine Vargas, coordi nadora del Centro Vulcanológico Nacional del IGP. Con millones de años de historia, es el más antiguo y hoy se considera extinto. Sus antiguas estructuras fueron desgastadas por el tiempo, las glaciaciones y la erosión.
Después llegó el Chachani, el “padre”. No es un solo volcán, sino un complejo formado por varias estructuras. De sus antiguas erupciones provino buena parte de la ignimbrita que conocemos como sillar.
“El Chachani antiguo ha sido el que ha genera do o ha expulsado este material que le conoce mos ahora como sillar”, señala Vargas. Así, una parte de la Ciudad Blanca nació de las entrañas de un volcán.
Finalmente apareció el Misti, el “hijo” y el más joven de los tres. Su juventud explica su carac terística silueta, pero también su condición de volcán activo.
El Misti registra una importante erupción hace unos 2050 años, con un Índice de Ex plosividad Volcánica 5. Su última erupción conocida ocurrió entre 1440 y 1470. Por eso, Vargas advierte que no debe confundirse au sencia de erupciones recientes con extinción.
“El Misti es un caso bastante particular porque es un volcán joven”, explica.
BENEFICIOS. Los volcanes no solo destruyen. También construyen. Sus materiales enrique cieron los suelos, favorecieron la agricultura y contribuyeron a la existencia de fuentes terma les y recursos hídricos.
“Los volcanes nos dan más beneficios que per juicios. Sin embargo, hay que aprender a convi vir con ellos y respetar sus áreas de influencia”, sostiene la exdirectora del Observatorio Vulca nológico del Sur del IGP, Luisa Macedo Franco. El problema aparece cuando la ciudad se acer ca demasiado.
“Lo menos que se debe hacer es estar constru yendo cada vez más cerca al volcán, porque hasta el final nos pone en riesgo a nosotros mis mos”, advierte Vargas.
Macedo es aún más directa: “Dejen de estar po blando cerca al volcán porque dudo mucho que alcancen a evacuar en caso de una erupción volcánica”.
La amenaza no es únicamente la erupción. También existen lahares, cenizas y flujos piro clásticos que podrían afectar a las zonas cerca nas. Y Arequipa continúa expandiéndose.
ACTIVO. Cada mañana, una fumarola puede dibujar un “sombrero” sobre el Misti. Para mu chos es una postal; para los especialistas, una señal de que el volcán continúa activo. “Nosotros lo tomamos románticamente y deci mos: ‘mira, nos está saludando, se ha puesto su sombrero’”, cuenta Macedo.
Pero la ciencia también ofrece una oportunidad: los volcanes pueden mostrar señales antes de una erupción. “A diferencia de los sismos, los vol canes sí muestran precursores”, explica Vargas. La tarea, entonces, no es vivir con miedo al Misti, Chachani o Pichu Pichu, sino aprender a convivir con ellos. Porque Arequipa nació gra cias a sus volcanes, pero su futuro dependerá de cuánto aprenda a respetarlos.