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Arequipa, el patrimonio que el tiempo desvanece

La ciudad que conquistó a la Unesco por su arquitectura, historia y paisaje enfrenta hoy una expansión urbana que amenaza su título mundial

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ONEIDA CHAYÑA

ONEIDA CHAYÑA
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En el año 2000, Arequipa tuvo que demostrar  que era mucho más que una ciudad de sillar.  Durante meses, un equipo multidisciplinario  reunió documentos, fotografías, inventarios y argu mentos para sustentar ante la Unesco el valor de su  arquitectura, su historia y el paisaje que la rodeaba.  Luis Maldonado Valz, arquitecto urbanista y parte  de aquel equipo técnico, recuerda el desafío de de fender una ciudad que sobrevivió a terremotos y que  había construido su identidad sobre el sillar. El esfuerzo tuvo resultado. El 2 de diciembre del  2000, Arequipa fue inscrita como Patrimonio Cul tural de la Humanidad. Pero el reconocimiento no  se limitaba a sus iglesias, casonas y calles. También  comprendía la relación entre la ciudad y su entorno. Según Maldonado, ese vínculo entre el centro his tórico y la metrópoli sigue siendo fundamental para  entender el valor patrimonial de Arequipa. “Arequipa es una sola ciudad, o sea, el centro histórico y la metrópoli no están separadas” señaló. 

Esa relación, sin embargo, ha cambiado. La ciudad  creció y con ella también las construcciones, el co mercio y la presión sobre espacios que durante ge neraciones formaron parte del paisaje arequipeño.  Maldonado advierte que la expansión urbana ha ido  reduciendo la campiña y transformando los pueblos  tradicionales, alterando progresivamente la imagen  de la ciudad que se defendió ante la Unesco.  

SIN CAMPIÑAS. La pérdida no es solamente pai sajística. Según el arquitecto, la reducción de áreas  verdes y la ocupación de determinados espacios  también han generado nuevas condiciones de vul nerabilidad frente a las lluvias, especialmente por la  modificación de zonas naturales y torrenteras.  Y mientras la ciudad cambia alrededor del centro  histórico, dentro de él también aparecen señales de desgaste. Algunas casonas fueron recuperadas y en contraron nuevos usos; otras permanecen abando nadas o han sufrido intervenciones que no siempre  respetan sus características. El patrimonio, advierte  Maldonado, dejó de contar con aquella fuerte con ciencia colectiva que existía cuando Arequipa tuvo que reconstruirse después de los terremotos. Aquí la responsabilidad ya no puede recaer única mente en el paso del tiempo. El Ministerio de Cultu ra, encargado de la protección del patrimonio, tiene  un papel fundamental en la conservación y autoriza ción de intervenciones; mientras que las municipa lidades deben garantizar que el crecimiento urbano,  el ordenamiento territorial y la gestión del centro  histórico sean compatibles con esa protección. 

PRESERVACIÓN. Maldonado cuestiona que el cre cimiento de Arequipa estuviera marcado por de cisiones de corto plazo y no por una planificación  integral. “Aquí la improvisación, la cosa inmediata”,  resume al referirse a una ciudad que ha seguido cre ciendo sin una visión de largo plazo.  

Pero conservar no significa detener la ciudad. Para  Maldonado, Arequipa debe modernizarse, resol ver sus problemas de transporte, infraestructura y  servicios y responder a las necesidades de una me trópoli que crece. El reto está en hacerlo sin borrar  aquello que le dio reconocimiento internacional. Porque el patrimonio no vive solamente en una ca sona restaurada. Está también en el paisaje, en los  pueblos tradicionales, en las calles, en el sillar y en  la relación entre la ciudad y el territorio que la rodea. Por eso, 26 años después de aquella declaratoria, la  pregunta ha cambiado. Ya no se trata de convencer  a la Unesco de que Arequipa merece ser patrimonio  mundial. La tarea ahora es demostrar que sus pro pios habitantes están dispuestos a conservarla. Maldonado, que participó en aquel esfuerzo para  conseguir la declaratoria, mira el futuro con una  preocupación que también es un llamado: “Quiero  pensar que la ciudad, el quinto centenario, merezca,  los ciudadanos debemos merecer lo que tenemos”. El título permanece. Lo que no debería desaparecer  es la ciudad que hizo posible obtenerlo. 

ONEIDA CHAYÑA

ONEIDA CHAYÑA

Periodista

Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

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