ESCRIBE. Sarko Medina Hijonosa
Al ascender hacia las torres de la Basílica Catedral de Arequipa, los visitantes descubren uno de los miradores más privilegiados de la ciudad. Desde este punto se aprecia el centro histórico en toda su magnitud y los imponentes volcanes Chachani, Misti y Pichu Pichu, que forman parte inseparable del paisaje arequipeño.
El recorrido, que integra las visitas al museo de la Catedral, suele culminar en este espacio que permite contemplar la ciudad desde las alturas.
Las dos estilizadas torres renacentistas que coronan el templo se han convertido en uno de los símbolos más representativos de Arequipa.
Su presencia destaca desde distintos puntos de la ciudad y para muchos arequipeños representan la imagen del regreso al hogar, visible incluso desde el ingreso por la variante de Uchumayo, a la altura del puente San Isidro.
La historia de estas estructuras también está marcada por la adversidad. El 23 de junio de 2001, el terremoto de magnitud 8.1 que afectó el sur del Perú provocó severos daños en la Catedral.
La torre izquierda quedó completamente destruida, mientras que la torre derecha sufrió graves afectaciones.
Posteriormente, ambas fueron restauradas, recuperando su esplendor y su importancia dentro del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
En la torre izquierda se encuentra uno de los tesoros menos conocidos del templo: un campanario conformado por seis campanas de bronce fabricadas en Arequipa.
La campana principal, que data de 1841, pesa aproximadamente cinco toneladas y destaca por su potente sonido, capaz de escucharse a varios kilómetros de distancia.
Actualmente, las campanas solo son utilizadas en ceremonias especiales, celebraciones religiosas y fechas emblemáticas para la ciudad.
Cada primero de agosto protagonizan el tradicional repique que anuncia el inicio del mes aniversario de Arequipa. En los últimos años también han sido parte de conciertos de campanas junto a iglesias históricas como San Francisco, La Compañía, Santo Domingo y el Monasterio de Santa Catalina, manteniendo viva una tradición que une patrimonio, historia y fe.