El 15 de agosto de 1884, Louis Pasteur obtuvo el respaldo de la Academia de Medicina de París para continuar con su tratamiento experimental contra la rabia, una enfermedad que entonces provocaba una muerte casi segura una vez que aparecían los síntomas.
Pasteur había iniciado sus investigaciones sobre la rabia en 1880. Sus experimentos con animales le permitieron desarrollar una técnica para debilitar progresivamente el agente infeccioso y generar una respuesta de protección.
El avance tuvo su prueba decisiva el 6 de julio de 1885, cuando el científico atendió a Joseph Meister, un niño de nueve años que había sido mordido por un perro rabioso. Durante diez días recibió inyecciones con dosis progresivas del preparado y logró sobrevivir sin desarrollar la enfermedad.
El caso convirtió a Pasteur en una figura mundial y demostró que era posible prevenir la rabia después de una exposición. Su trabajo también impulsó la creación del Instituto Pasteur y consolidó sus aportes a la microbiología moderna.
A más de un siglo de aquel avance, la investigación de Pasteur permanece como uno de los momentos decisivos en la historia de la prevención de enfermedades infecciosas.