Escribe: Sarko Medina Hinojosa
Poeta tacneño Augusto Aníbal Toledo presenta El reino, su cuarto poemario, donde cruza la lírica con codificación ASCII y un ecosistema hipertextual para retratar al hombre contemporáneo atrapado en la hiperconectividad.
Augusto, El reino es tu nuevo libro. ¿Qué territorio habita esta obra respecto a tus poemarios anteriores? El libro El reino muestra al hombre contemporáneo abatido por su contexto de hiperconectividad. A diferencia de los anteriores, su lírica resalta las características de su urbe y cómo lo trastocan. Además, lo grafico en el libro con el uso de la codificación ASCII, para también mostrar el elemento base de su hiperconectividad. El libro resulta, también, un hipervínculo hacia una web diseñada puntualmente para explorar el panorama de mi trabajo poético. También busca mostrar el lado lúdico al romper el código binario que devela un texto encriptado.
Publicaste Primavera Extramuros en 2018, pero ganaste tus primeros premios en 2008 y 2009. ¿Qué pasó en esa década de silencio antes de publicar? Los premios resultaron un estímulo importante para mostrar lo que ya tenía escrito, y también para darles ese toque final para su presentación. En el primero no se cumplió la totalidad de la oferta del premio, que consistía en la publicación del poemario en un libro, como sí se dio en fechas anteriores, y eso menoscabó la algarabía.
Entonces opté por dejar pasar el tiempo, guardarlos, y me puse a escribir de forma diferente para no encasillarme en el mismo estilo. Publicar tiene un peso importante, individualmente así lo creo; ese libro, Primavera extramuros, es complejo y denso porque tiene mucha vehemencia. Lo guardé mucho tiempo y finalmente opté por autopublicarme.
Con El reino llegas a tu cuarto poemario. ¿Publicar con una universidad aporta algo más a su difusión? Mi ejercicio exige distancia: escribo, guardo y reviso. El tiempo hace lo demás; entonces aplico una siega rigurosa, lo estructuro y doy forma al manuscrito. Ahí viene lo importante: ¿qué hacer con él? Postulé a la convocatoria universitaria porque buscaba un puente real con los lectores. La plataforma académica no solo aporta respaldo y difusión, sino que para este caso su apuesta es por el formato digital. Ese aspecto aportó a la reconfiguración del libro, lo reescribí, cambió. La primera versión era bajo un estilo tipográfico de Guamán Poma; ahora tiene todo un ecosistema hipertextual.
Has sido jurado de varios concursos. ¿Ese oficio de evaluar poesía ajena cambió cómo escribes la tuya? He tenido la satisfacción de aportar con mi conocimiento de oficio en los certámenes a los que he sido invitado. Sin embargo, el rol de jurado exige un ejercicio analítico para reconocer los aciertos técnicos o expresivos de otros autores. No influye en mi ejercicio creativo, porque me conduzco por otras vertientes.
Naciste en Tacna pero estudiaste en Arequipa. ¿Qué frontera geográfica o simbólica atraviesa tu obra poética? Mi trabajo poético es una condición de tránsito y observación. Haberme formado en Arequipa ayudó a distanciarme y verme a mí mismo bajo un entorno mayor, complejo y ajeno; las urbes son diferentes. Por ello, el oficio me empujó a trabajar en torno a individuos que se enfrentan a su propia circunstancia, tomando las características geográficas solo de forma accesoria.