Conservar la memoria de un país es también proteger su identidad. Bajo esa premisa, el 29 de julio de 1905 el Perú dio un paso decisivo al instalar oficialmente el Instituto Histórico del Perú, una institución creada para rescatar documentos, preservar archivos y promover el estudio de la historia nacional en una época en la que gran parte del patrimonio documental corría el riesgo de perderse.
El 29 de julio de 1905, durante el gobierno del presidente José Pardo y Barreda, quedó oficialmente instalado el Instituto Histórico del Perú, institución que nació con la misión de fortalecer el conocimiento de la historia nacional y preservar el patrimonio documental del país. Su inauguración se realizó en una sesión solemne en Lima, con la participación de las principales autoridades políticas e intelectuales de la época.
La creación del Instituto había sido aprobada meses antes mediante un decreto supremo del 18 de febrero de 1905, mientras que sus primeros estatutos fueron oficializados el 10 de julio del mismo año. Desde su fundación, el Estado le encomendó una tarea inédita para la época: reunir, organizar, descifrar, conservar y publicar documentos históricos, además de impulsar investigaciones que permitieran reconstruir el pasado del Perú sobre la base de fuentes documentales.
La importancia de esta institución radicó en que, por primera vez, el país contó con un organismo especializado encargado de resguardar su memoria histórica. También recibió la responsabilidad de promover el estudio de la historia patria, supervisar archivos y museos, proteger monumentos de valor arqueológico y artístico, asesorar al Estado en temas históricos y editar la Revista Histórica, publicación que con el tiempo se convirtió en una de las principales fuentes para investigadores peruanos y extranjeros.
Entre sus primeros integrantes figuraron destacados intelectuales, juristas, diplomáticos e historiadores, quienes sentaron las bases de una institución dedicada no solo a investigar el pasado, sino también a fortalecer la identidad nacional mediante el conocimiento de los principales acontecimientos de la República.
Con el paso de las décadas, el Instituto Histórico del Perú amplió sus funciones y evolucionó hasta convertirse en la Academia Nacional de la Historia, nombre que adoptó oficialmente en 1962. Desde entonces continúa siendo la máxima institución científica dedicada al estudio, investigación y difusión de la historia peruana, además de conservar un valioso legado bibliográfico y documental para las futuras generaciones.
A 121 años de su instalación oficial, la institución mantiene vigente el propósito con el que fue creada: demostrar que conocer la historia no solo permite comprender el pasado, sino también construir una identidad nacional basada en la preservación de la memoria colectiva y el patrimonio histórico del Perú.