El presidente interino del Perú, José María Balcázar, llegó este miércoles 25 de febrero a Arequipa en medio de la emergencia por lluvias que afecta a 18 distritos de la provincia, pero lo hizo sin maquinaria, sin presupuesto inmediato y sin medidas operativas para la atención directa de los afectados. Su principal acción fue estar en una breve reunión con alcaldes y el gobernador, habló incluso de “política” y se refirió a Alemania como ejemplo en temas de crisis pluvial.
Estuvo poco tiempo en la sede del Gobierno Regional de Arequipa (GRA) donde se reunió con la plataforma de acción, para luego dirigirse al sector de Villa Continental, parte alta de Cayma.
El mandatario permaneció apenas cinco minutos en el lugar, observó a distancia una torrentera, sin recorrer calles dañadas ni verificar viviendas colapsadas por el lodo y la fuerza del agua.
NUNCA CONOCIÓ EL DOLOR DE LA GENTE. Decenas de damnificados, muchos con más de 30 años viviendo en la zona, lloraban y pedían reubicación inmediata ante el colapso de sus viviendas. Pancartas y gritos de auxilio marcaron la escena, pero el presidente se retiró rápidamente junto a su comitiva de ministros y resguardo policial. La escena contrastó con su discurso previo en el GRA, en el que aseguró que su forma de gobernar es “escuchar a la población”.
S/100 000 POR DISTRITO. Quien permaneció algunos minutos más fue la premier Denisse Miralles Miralles, aunque sin un acercamiento efectivo a los damnificados. Anunció la asignación de S/100 000 por cada municipio declarado en emergencia y reconoció que el monto “no es suficiente”.
También indicó que el decreto de emergencia se publicó cerca de la medianoche en diario El Peruano, tras limitaciones administrativas.
Fuera de la reunión llevada este miércoles con 18 alcaldes donde se centró en la presentación de informes de daños, fichas técnicas y pedidos de ampliación de la emergencia. La primera ministra detalló que a las 18:00 se tendría otra mesa de trabajo con el COER y a las 19:00 con la plataforma de respuesta integrada por todas las partes involucradas.
“No se puede escuchar si la población grita”, señaló Miralles en Cayma. La cita generó indignación entre los vecinos, que interpretaron la declaración como una señal de desconexión frente a una emergencia donde el clamor ciudadano es el reflejo de la urgencia.